Un sinvergüenza nos puede estar devolviendo la decencia
Pasar del autoritarismo a la democracia suponía, para casi todos, transitar por un puente que conducía a la honradez, la justicia y al control de las actuaciones de aquellos individuos remisos al acatamiento de unas reglas establecidas. El tiempo está siendo testigo de que aquel supuesto no llegó a confirmarse, porque los partidos políticos se adueñaron del Estado y lo descarrilaron. Y para proteger sus actos se apoyaron en el voto, que no estorba e incluso les avala ante cualquier cuestionamiento (cuestionamiento al que automáticamente convierten en antidemocrático o, mejor, fascista). Pero se ha visto que el voto es dócil y ofrece infinitas posibilidades en manos de quien pretenda convertirlo en aquello que quiere que sea, y todo ello sin hacerle perder su naturaleza sagrada (la teocracia transustanciada en un papelín).
La distribución del dinero público, y de prebendas empresariales, así como la asignación directa de puestos de ¿trabajo?, todo quedó bajo la potestad de los partidos, una potestad controlada por ellos mismos.
Y eso llegó a ser tan rutinario que por hábito se ha terminado aceptando como natural, y con mensaje para los incrédulos: "Acéptalo como mal menor, los otros son peores", que encierra una exquisita forma de dar el culo a la honestidad (como no se puede creer en nada, vale cualquier cosa, siempre que venga de los míos).
En esas estábamos. Y cuando ya nos sentíamos abandonados (hasta por el poder judicial), nos llegan noticias de que este poder está intentando devolvernos la democracia a base de enfrentarse al otro, el grande. Igual es el principio de algo impensable hace bien poco, y los partidos políticos (todos, porque esto no va de una parte de ellos) van a tener que apretarse los machos.
Y todo surge a partir de un sinvergüenza que decide salvarse, sin imaginarse que nos puede salvar a todos. Necesitamos más sinvergüenzas que den aire a una situación que nos asfixia y que creíamos perdida. No es por hacer justicia, sobre todo es para preparar un futuro decente.
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