Felicitación de cumpleaños
Hoy, en Casa Eutimio estamos de enhorabuena. Y lo estamos aún más, entrañablemente, en la familia Busta. El 28 de junio de 1936, hace exactamente 90 años, nuestro padre, Eutimio Busta, inició la apasionante aventura de su vida.
Decían sus hermanos que siempre fue “un nenu muy buenu y obediente”. Pero si algo le caracteriza -lo hizo desde el primer instante- es su admirable capacidad de sacrificio. Trabajador como pocos. Recuerda la tía Carmen, emocionada y sincera, el respeto y cariño con que tratabas a vuestros padres. “Mama, ¿quier que-y traiga morgacilla?”, le preguntabas a tu madre, a los 4 años, con la inocente intención de aliviar su tarea. “Papa, cuénteme cómo está el maíz”, le pedías por carta a tu padre mientras realizabas el servicio militar, preocupado y ocupado por las cosas de los tuyos. Y es que “de casta le viene al galgo". Nació en una familia humilde, en todos sus significados, y conoció de primera mano las dificultades y privaciones de la posguerra, entendiendo, desde muy pronto, que lo poco se comparte. Allí aprendió con el ejemplo, y la certeza que da la fe, que no hay camino imposible cuando se enfrenta con entusiasmo, trabajo y honestidad.
Existe un proverbio que dicta: “Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”. Esta idea ha sido otra clave de su éxito personal y profesional. Siempre ha sido muy consciente, y así nos lo ha transmitido, del valor y el respeto humano: lo primero, la persona. Ha sabido rodearse de buena gente y en ellos, agradecido, pudo encontrar el impulso necesario para crecer: familia, amigos, compañeros de trabajo y clientes… aunque en muchos casos decir compañeros de trabajo y clientes es como decir amigos, incluso familia. De entre todos ellos destaca Aida, nuestra madre. La vida los unió y juntos formaron un tándem incansable y valiente. Como tantos otros de su generación, comenzaron su andadura con poco más que ilusión, esfuerzo y ganas de salir adelante. Así fue como en 1964 abrieron el Miramar, en Lastres, y comenzó la historia que acabaría formando parte de la memoria gastronómica de Asturias. Platos como el besugo a la espalda y la merluza al Eutimio lo atestiguan. Todo tipo de pescado pasó por aquella plancha, que no dejó de humear ni un solo día, durante 12 años. A lo largo de ese tiempo nacieron sus cuatro primeras hijas: Maite, Marta, Aida Mª y Ana Belén. Fue una época de jornadas interminables, de sacrificios silenciosos, de una entrega absoluta. Por la noche, a la mar en La Traviesa; de día, al bar. Sabemos que fue por nosotros. Aquellos años de lucha les permitieron ahorrar unas perras y, en 1976, comprar el edificio que hoy alberga Casa Eutimio. La familia siguió aumentando; llegaron Rafa, Alfredo, Fátima y María. Desde pequeños aprendimos lo que significa arrimar el hombro, ayudar en casa y comprendimos que las cosas importantes se consiguen con voluntad y reciedumbre, pero también que los pequeños detalles son la sal que da sabor al mundo. Gracias, papá, por enseñarnos lo que es la vida.
Cuando cumplió 70 años colgó el mandil. Aunque, en realidad, nunca dejó de trabajar. Simplemente, cambió de ocupaciones. Llegó entonces el tiempo de la huerta, de las pumaradas y de querer agradecer al pueblo parte de todo lo recibido.
Ayudó a lograr para Lastres el reconocimiento de "Pueblo ejemplar". Participó activamente en iniciativas que hicieron crecer y prosperar la villa. También presidió durante muchos años la Peña de Bolos Manín, siempre comprometido con las tradiciones y la vida social de este pueblo gallasperu y orgullosu, que tanto quiere.
Hombre polifacético. Son muchas las cosas que has hecho a lo largo de tu biografía, abundantes las huellas que has dejado y numerosas las razones que tienes para echar la vista atrás con un orgullo sereno, humilde y sincero. El mismo que nosotros sentimos al mirarte.
Papá, enseñamos con lo que somos. No hay mejor regalo, ni patrimonio más valioso que este que heredaste de tus padres y nos compartes cada día: tu ejemplo. Un ejemplo de trabajo, de dignidad, de compromiso y de amor por los tuyos. Incluso ahora, tras nueve décadas, nos demuestras que un corazón puede latir fatigado… pero fuerte.
Por todo ello, en tu nonagésimo cumpleaños, tus hijos queremos decirte con énfasis, alegría y un amor desbordante: ¡gracias por tanto, gracias por todo, pero, especialmente, gracias por ser nuestro padre!
¡Feliz cumpleaños!
Con todo nuestro cariño, tus hijos. Lastres, 28 de junio de 2026
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