España, contrastes y porvenir, país maravilloso
La democracia asegura convivencia social, estabilidad, seguridad jurídica, arreglo de heridas surgidas básicamente de situaciones enquistadas nunca ventiladas, nunca suficientemente explicadas o expuestas en buena lógica de debate abierto, que generan fractura social, dolor a sectores de la sociedad, encallamiento de avances tras negociables acuerdos que se basan, incluso necesariamente, en el feliz enriquecimiento educativo y convivencial, en la aceptación pactada de ideas, argumentos alternativos, opuestos o contrarios en principio a nuestras tomas de partida iniciales dogmáticas sobre cuestiones políticas, sociales, económicas, morales, éticas o convivenciales, en sentido ideológico, acerca del óptimo modelo de sociedad. España, con sus fallos de mercado, con sus fallos de funcionamiento ideal de muchas instituciones, con problemas estructurales y situaciones desmotivadoras acalladas y acallables, es un gran sistema de garantías procesales, de garantías sociales de pensiones, prestaciones, de ayuda social en caso de contingencias por enfermedad, enfermedades crónicas, accidentes laborales y problemas de todo tipo que solo son removibles en virtud de artículo 9.2 de la Constitución española, que facilita y mandata la integración del ser humano en todo tipo de actividades participativas en la vida política, económica, cultural y social, por encima de toda brutal discriminación arbitraria subjetiva.
España, siendo un país mejorable, precisamente por cierto desgaste institucional normal, también es de subrayar y poner de manifiesto en todo momento que abunda en prosperidad.
Y admirable es su grado de convivencia, por su olvido práctico de lo peor de la historia
de España en materia de extremismos cainitas guerracivilistas, pudiendo cualquier profesor, historiador o periodista tener libertad de cátedra, libertad de investigación o de expresión, opinión y discurso sobre cualquier planteamiento o asunto público, susceptible de revisión y aportación de nuevos datos esclarecedores y documentados. Nuestro sistema estatal es monárquico parlamentario constitucionalista democrático por razones de vertebración y articulación territorial de la nación española y su pluralidad regional, por razones de arbitraje, moderantismo consultivo, despacho con todos los grupos, sectores y mentalidades de lo español plural, por cuestiones de desbloqueo de las instituciones y obviamente representación de una jefatura de Estado democrática, tan basada en la tradición como en el liderazgo de una Corona informada que, aceptando partes del ideario republicano español, es baluarte muy respetable de identidad por encima de disputas políticas coyunturales de facciones y banderías polarizadas, incapaces de dar una imagen de coherencia, de representación diplomática confiable, de estabilidad de lo que significa una España prestigiosa hoy en el concierto internacional y europeo, desde la convocatoria, concitación de acuerdos de concordia, de invitación, generosa siempre, al interesante diálogo y a la apertura hacia liderazgos españoles ambiciosos totalmente integradores en bienes democráticos, técnicos, sociales, participativos y vinculantes para todos los sectores y autonomías de la España actual, dentro de la garante Unión Europea de hoy, siendo un país plural en tradiciones, milenariamente unido en sus contrastes, urbanita, contemporáneo y vanguardista, con ecosistemas rurales paisajísticos y ambientes tradicionales humanizados locales y regionales, un país diverso tolerante que respeta, ama, construye, desde una visión rica de lo español que se encuentra en las ocho bellas artes, en la historia del imperio español, en geografías mundiales, en ciertos hechos de armas; en momentos de belleza, creación, heroísmo, igualdad y paridad, avances claves sociales y para la mujer. La España de pasado revanchista, desmañada y muy trágica enervada, se ha tornado España líder profesionalizada, de servicio público, de consultoría, de ingenierías, de creadores y humanistas que generan esencias, espíritu, explicaciones sobre nuestro laberinto e intrincado ser nacional, pero inequívocamente español en sus realidades brillantes, amables, llamadas, desde su complejidad, a la cultura del respeto y a la vocación de contribuir a una humanidad mejor, desde la economía, los valores, el autorrespeto como
ciudadanos españoles, la autoexigencia, las libertades, la fiesta, el rigor profesional y
el camino siempre fascinante de mejorar España como proyecto europeo y europeísta,
como destino propio de vocación iberoamericana, como proyecto de las diecisiete
comunidades autónomas, Ceuta y Melilla, en una España donde la buena educación,
el respeto estimativo, el cultivo de la cultura amigable en sus más amplias expresiones habla por lo que somos y podemos ser, como seres prosociales, españoles y europeos,
mundiales internacionales. Una España por la que murieron mujeres y hombres
en pos de un mundo mejor, más solidario, con autorrespeto, plural y en total cordialidad.
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