Agresión a un cormorán en playa de Poniente
Me llamo Mª Jesús García Pestano y deseo hacer pública una situación que presencié el pasado 22 de junio, alrededor de las 11.00 horas, en la playa de Poniente, en Gijón. Considero necesario que la ciudadanía conozca lo ocurrido, tanto por la gravedad de los hechos como por la absoluta falta de conciencia ambiental que refleja.
Ese día, tras salir del gimnasio Forus, me dirigí al agua para nadar. En la orilla había una pareja de cormoranes buceando y alimentándose tranquilamente, sin molestar a nadie. Varias personas los observábamos, porque resultaba realmente hermoso verlos sumergirse y nadar bajo el agua.
De forma inesperada, un hombre que estaba en la playa cogió una piedra de gran tamaño y la lanzó directamente contra la cormorán hembra, hundiéndola en el agua. Acto seguido volvió a levantar la piedra, aparentemente con la intención de rematarla. Al ver aquello, corrí hacia él gritando para detenerlo. El hombre soltó la piedra y se metió en el agua. La cormorán logró escapar, aunque con dificultad, mientras el macho la acompañaba.
Cuando le recriminé su comportamiento, varias personas que estaban alrededor comenzaron a insultarme, llamándome "loca", "chivata" o "llévatelo a tu casa si tanto te gusta". La escena fue tan desagradable que no pude continuar nadando y regresé al gimnasio. Para mi sorpresa, el agresor también era socio del centro y se encontraba allí con su esposa. No quise dirigirme a él para evitar un conflicto. En el momento de los hechos no pude llamar a la Policía porque no llevaba mi teléfono móvil.
El 25 de junio, volví a ver un cormorán macho en la misma zona, esta vez solo. No sé si la hembra sobrevivió al ataque o si se trata de otro ejemplar, pero la duda me ha dejado profundamente afectada.
Quiero denunciar públicamente esta agresión porque la fauna silvestre está protegida por la Directiva de Aves 2009/147/CE y por la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad, que prohíben expresamente la persecución, maltrato o muerte de especies silvestres. Este tipo de comportamientos no solo son moralmente inaceptables, sino también ilegales.
Comparto este testimonio con la esperanza de que sirva para concienciar, para que se investigue lo ocurrido y para que hechos así no vuelvan a repetirse en nuestras playas.
Atentamente.
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