Cuando lo voluntario se vuelve obligatorio
Es bien sabido que la sanidad es uno de los pilares fundamentales de nuestro Estado del bienestar. Al igual que es sabido (por fin) que llevamos más de un año con uno de los conflictos sanitarios más crudos de las últimas décadas: la huelga de médicos.
Para el que aún no haya escuchado las protestas, los galenos nos enfrentamos a jornadas abusivas de 50-70 horas a la semana, algunas de ellas de 24 horas, que son totalmente obligatorias. Esto, unido a la falta de recursos, la precariedad laboral, la sobrecarga asistencial y unos salarios que, como los del resto de españoles, llevan estancados 30 años, ha conseguido que ser médico se convierta en un deporte de riesgo.
Sin embargo, a pesar del sobreesfuerzo y la sobrecarga constante del sistema, las listas de espera no hacen más que aumentar. Es por ello que en prácticamente todas las comunidades autónomas se crearon planes especiales de actividad extraordinaria voluntaria para tratar de paliar esta situación. Estas horas, llamadas peonadas, son horas voluntarias y bien remuneradas que se ofrecen a los facultativos y que se hacen a mayores de la jornada habitual ya de por sí excesiva. Y nosotros, acostumbrados a la sobrecarga, preocupados por las listas de espera y las demoras, y porque a nadie le amarga un dulce, accedimos durante muchos años a realizarlas sin rechistar.
No obstante, tras varias semanas de huelga y una prácticamente nula respuesta por parte de la Administración, los médicos no hemos tenido más remedio que escalar el conflicto y hemos parado de hacer esta actividad voluntaria.
¿Y qué ha pasado? Que lo que inicialmente eran unos programas para apuros puntuales se convirtieron en realidad en una necesidad estructural para el sistema que hace mucho que no es capaz de cubrir las necesidades mínimas con la actividad habitual sin estas horas extra. Y los médicos, que durante años hemos soportado sobre la espalda esta actividad extraordinaria nos convertimos en los malos de la película porque hemos decido parar una actividad que nunca debió existir.
¿Y qué ha hecho la Administración? Lejos de intentar solucionar el conflicto, ha dejado claro que somos esclavos del sistema y que lo que creíamos voluntario no era tal cosa y no podíamos dejarlo porque sí: solicitud de listas nominales, amenazas con cese de contratos, chantaje emocional de algunos de nuestros representantes, chantaje laboral por parte de algunos jefes de servicio... y una multitud de herramientas coercitivas que vulneran directamente el derecho constitucional a la huelga.
En definitiva, nada nuevo en el horizonte pero eso sí, por una vez los médicos tenemos muy claros nuestros objetivos: una jornada laboral digna y unas condiciones laborales del siglo XXI. Y a perseverantes no nos gana nadie porque nos han entrenado para aguantar.
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