La milonga del "Loco" Bielsa
La reacción de Marcelo Bielsa, máximo exponente del posmodernismo y la vanguardia futbolera, ante las cámaras de televisión tras ser derrotado por España ha dado la vuelta al mundo y se ha convertido rápidamente en carne de meme y chisme del momento. La imagen rivaliza con "El grito" de Munch o con "El desesperado" de Courbet en congoja, pesadumbre y angustia existencial. Y las formas... las formas groseras del Loco se situaron en las antípodas del fair play deportivo, que si a otro se le hubiera ocurrido dar semejante rapapolvo a una periodista, ya tendríamos las calles llenas de manifestantes y a Yolanda Díaz hablando de acoso sexual. Pero al entrenador rosarino todo se le perdona porque se ha extendido la creencia de que representa la izquierda pelotera y ha dejado una profunda huella en nuestro país tras aquella espantada del Espanyol y su paso por el Athletic Club, hace un porrón de años de más pena que gloria. Resulta pertinente explicar, sobre todo para esos a los que les pirra ideologizar hasta el aire que respiramos, que Bielsa tiene de marxista lo que yo de fraile capuchino, que su aportación al balompié no va más allá de meterle cuento al asunto con anécdotas y literatura barata que ha venido alimentando a los pedantes -esos que ahora dicen "three lions" para referirse al combinado inglés-, y que tiene menos palmarés que nuestro añorado Paquito. Da la impresión de que a Marcelo Bielsa le ha devorado su propio personaje, una especie de Gregory Arkadin del fútbol, y que hace tiempo que se olvidó en qué consiste este juego: el patadón, el gol a grito pelado, el pañuelo de cuatro nudos en la cabeza y los calzones hasta las rodillas, una afición inasequible al desaliento, la madre que le parió al árbitro, y las milongas... para los salones de baile.
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