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Todavía quedan ángeles

12 de Julio del 2026 - Ana S. Serrano Gasset (Oviedo)

Hay momentos en la vida en los que el agradecimiento por una mano tendida se multiplica por infinito.

Hay momentos en la vida, esos llenos de angustia y soledad, en los que, en medio de lo triste y lo oscuro, aparece un ángel inesperado.

El viernes 6 de junio me vi sola, desesperada, tirada en una acera de Salinas junto con Nerina, la que fue mi compañerina fiel durante 15 años. Toda mi familia estaba en Oviedo, yo me había venido urgentemente dos días antes a Salinas, al veterinario, cuando ese cerebrín con patas empezó de repente a no comer.

Al final, tras los inconcluyentes análisis, y ante un deterioro minuto a minuto, la solución era

ingresarla en una clínica, para que le hicieran una ecografía inmediatamente, antes de que

sintiera dolor. Puesto al habla el veterinario con una clínica de Oviedo, me dijeron que fuera

para allá inmediatamente.

Tras los tres días de nerviosismo y cansancio que estaba pasando, no me vi capaz de conducir, así que llamé a Radio Taxi Castrillón. Expliqué a la operadora que me atendió que necesitaba un taxi que me llevara a Oviedo, y la avisé de que llevaba una gata en un transportín. Me dijo que el taxi que transportaba animales (?) estaba en un servicio. Pregunté si tardaría mucho y me dijo que no, que le dejara mi teléfono y me llamarían cuando estuviera llegando.

No puedo explicar la angustia esperando en la acera, con aquel ser especial apagándose,

cerrado en un transportín.

Tras 15 minutos, que para mí fueron años, volví a llamar a Radio Taxi. Con voz angustiada

expliqué que llevaba un cuarto de hora esperando, que mi gatina llevaba desde las 12.30 horas en un transportín, que por favor viniera cualquier taxi, que nunca ninguno se había negado a subirla, que era para llevarla a una clínica... La operadora (mil gracias a ti también, por tu empatía, sé que hiciste todo lo que pudiste para ayudarme) me dijo que no me preocupara, que iba a repetir el aviso y a decir que era urgente.

Pero pasó otro angustioso cuarto de hora, ahí tiradas en la acera. Yo, al borde del colapso, ella consumiéndose...

Y entonces sucedió.

Sucedió. Me entró en el teléfono una llamada de número desconocido, que pensé que sería un taxista de Salinas que estaba llegando... Pero no: era un ángel, un ser empático y de alma

grande. "Hola -me dijo-. Soy un taxista del aeropuerto. Es que estoy oyendo por la radio lo que pasa y veo que nadie coge el servicio. Así que voy a ir yo. Lo que tarde en llegar desde aquí".

Y así, tras más de 40 minutos desde mi primera llamada, llegó él. Voy a decir su nombre: Pitty.

Con sus manos tendidas y su generosidad. Demostrando que entre la aridez, el egoísmo y la

falta de corazón, la superficialidad, los intereses... aún existe la bondad. Aún existen seres que se conmueven. Aún existen personas.

Aquel viaje triste y angustioso se convirtió en un bálsamo, en una sensación cálida en el

corazón. Hablamos -mientras yo iba acariciando a "Neri"- de Santa María del Mar, de cómo él se crio con sus abuelos, de animales, de la vida...

Me confesó que se había conmovido al oír el aviso por la radio, y que había pensado que cómo iba a dejar tirada a esa persona. Que por eso llamó. Yo le daba una y otra vez las gracias, y él decía que no era para tanto. Así son los seres buenos: no conciben que no se vaya en ayuda de quien la necesita. Sin esperar nada a cambio. Solo por profesionalidad y un poco de alma.

Desconozco por qué el resto de taxistas de Castrillón, fundamentalmente los más cercanos, no querían (esto lo digo yo: no querían) coger el servicio. Quizás porque era la hora de comer y había que ir hasta Oviedo. Quizás por llevar una gatina (que no hacía ruido alguno e iba en una bolsita impoluta). Quizás por desprecio a ese trasnochado, falso y cruel cliché de "mujer

patética con gato", siempre despeinada y con nulas relaciones sociales.

Pues lo siento: ni Nerina ni yo damos el perfil. Si yo -que siempre voy peinadísima- tenía a

Nerina es porque la recogí abandonada y medio muerta cuando tenía tres semanas de vida. Es decir, por compasión. Y no procede aquí hablar de currículums profesionales ni relaciones

sociales, baste decir que tengo numerosa familia y una amplia vida social, y, sobre todo, cuento con varios amigos de esos de verdad (que el mismo viernes me arroparon y brindaron conmigo por Nerina. Gracias, Javier, Carlota, Belén, Conchi, Margarita, y mi Litín) e innumerables conocidos, tanto en Oviedo como en Castrillón como... en todas partes. Todos los cuales conocerán el nombre de Pitty, por si un día necesitan un servicio importante.

Pero lo que sí procede resaltar es que Nerina no era "un sucio animal". Nerina -que no tenía la más mínima sospecha de que era físicamente un gato- era una verdadera, minúscula y preciosa dama. Una dama que, desde su cerebro privilegiado, miraba por encima del hombro a casi todos los mortales. Pero sabía amar, y hacer reír, y retar, y consolar, y querer como solo quieren los seres de corazón limpio.

No pudo ser, Pitty. A pesar de no manifestar síntoma alguno hasta cuatro días antes, ella

estaba ya sentenciada de muerte, pero gracias a ti y a ese viaje yo llegué con el corazón

caldeado y con fuerza. Y pude acompañarla hasta el final, como ella merecía, hablándole y

acariciándola mientras se iba. Ayudándola a cruzar al otro lado.

En ese viaje desde Salinas, tú y yo hablamos del karma. Los dos creemos en él. Te pedí tu

número de taxi, y tú me diste tu tarjeta. Te dije que la vida da muchas vueltas, y que quién

sabe si un día sea yo quien pueda hacer algo por ti.

Mientras tanto, tú ya tienes una enorme riqueza, un tesoro: esos principios que te inculcaron

tus abuelos. Los mismos que me inculcó el mío, ese que sigue velando por mí. Sí, esos

principios que parece que no sirven para nada en este mundo materialista y superficial. Que

parecen incluso un lastre. Pero que no lo son. Lo que son es un tesoro. Porque el oro no tiene

ese gran valor por ser amarillo... sino porque es escaso. Como lo son la bondad, la empatía, la generosidad. Como lo son los hombres de verdad.

Camina orgulloso con tus principios, tus valores y tus manos tendidas. Orgulloso como un

ángel inesperado, como un hombre bueno.

Y, se vuelvan o no a cruzar nuestros caminos, que el karma te devuelva toda tu generosidad, tu alma compasiva, tu profesionalidad.

Que la vida sea justa y te llene de felicidad, paz y suerte. Porque personas como tú hacen

mejor el mundo.

Gracias de todo corazón.

Ana y Nerina.

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