La enormidad del alba
Hay actitudes que no caben en una medalla. Hay éxitos que no se miden en segundos, sino en todo lo que hubo que arrebatarle al tiempo para llegar hasta ellos. Alba lo sabe. Lo ha aprendido en silencio, en cada amanecer robado al descanso, en cada zancada que le ha quitado metros a la distancia y horas al cansancio.
Porque llegar hasta aquí no fue un instante, sino una larga conversación con el esfuerzo.
Durante años, ha corrido en pistas europeas y americanas, compartiendo escenarios con las mejores, donde se habla un lenguaje común. Allí, entre líneas blancas y cronómetros implacables, fue puliendo una forma de estar en el mundo: ligera, constante, obstinada. Como el vuelo de una gaviota que no sabe de fronteras.
Esta última semana, cruzó el Atlántico como quien atraviesa un sueño sin terminar de despertar. Después, la carretera ardía bajo el peso de una ola de calor que parecía poner a prueba no solo el cuerpo, sino también la voluntad. Kilómetros y más kilómetros de asfalto abrasador, como si España entera fuese una pista interminable donde cada paso contaba.
Pero Alba no corre contra el mundo, sino que corre enarbolando en su antorcha una sonrisa.
La llevó puesta en las semifinales, donde la presión se instala en el pecho y pesa más que las piernas. La sostuvo cuando el corazón golpeaba con fuerza y las rivales acechaban en cada zancada. Y la mantuvo intacta, limpia, respetuosa, como quien entiende que la grandeza no está solo en ganar, sino en cómo se llega a hacerlo aun perdiendo.
Hoy, todos los dioses decidieron no inclinar del todo la balanza. Tal vez se dejaron convencer por esa mezcla de disciplina y alegría, por esa manera suya de correr que enaltece la belleza del gesto. Tal vez reconocieron en ella algo antiguo, algo puro... tal vez supieron de su largo vuelo y decidieron recompensarla con el bronce.
Y así, Alba, asturiana de Navia, se convirtió en tercera de España sub-18 de 1.500 metros.
Pero la palabra bronce apenas roza lo que significa.
Solo los vientos saben cuántos kilómetros de mar ha de sobrevolar una gaviota antes de posar sus pies sobre la arena.
Alba también lo sabe. A sus 17 años, ha volado muchos de ellos.
Yo, que tanto tantas veces he perdido, siento que gano todo contigo.
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