Political incorrectness
«Me ofende esto, aquello y lo otro». Pues allá tú, Fulano. El buenismo y la corrección política imperantes en la sociedad continúan haciendo estragos en la población. Es muy probable que, en este momento, esté aumentando el número de acólitos en la secta de turno, encargada de lobotomizar los cerebros de los adalides de esta corriente nauseabunda. Los valedores del estatuto de moralidad verbal no se andan con chiquitas, esgrimiendo argumentos demoledores: «No puedes decir eso porque me sale a mí de las narices». Ello se aplica a la escritura, el cine, la música y cualquier disciplina artística que difiera del discurso de esta tropa siniestra. Se posicionan en contra de la censura cuando ellos son los mayores censores, intolerantes y obtusos, como la mentalidad de los iluminados que les hicieron la caverna a medida, para que el cerebro no sature. El arte, aparte de para cautivar, debe servir como fuente de inspiración. Cuando se hace para no ofender a gente de aquí y allá, significa que está herido de muerte. La ficción tiene que ser un reino libre, y nunca nadie, bajo ninguna circunstancia, ideología, religión o pensamiento, tiene derecho a coartar la libertad de creación de una persona. Recuerdo la perla que nos dejó una leyenda del rock: «Si no le gusta mi careto, cambie de canal». Sed buenos, anda, y decidme cosas incorrectas desde el punto de vista político.
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