Solo el despido impedirá la destrucción total de nuestra sanidad pública
Recuerden: esa huelga de médicos jóvenes y los nefastos políticos que tenemos acabarán enterrando nuestra sanidad pública.
Una sanidad tardía no es sanidad, es negligencia. Quien no atiende a tiempo a los pacientes no puede considerarse un buen profesional, y mucho menos permitirse empeorar aún más la situación con huelgas que ponen en riesgo vidas humanas.
La medicina es una profesión vocacional. No fabrican tornillos, tratan con personas. Están utilizando a los enfermos como rehenes para defender sus reivindicaciones, y eso es inadmisible.
Aquí debe haber ceses y despidos. La responsabilidad con los pacientes debe estar siempre por encima de cualquier otro interés. Quien abandona o deteriora un servicio esencial poniendo en riesgo la salud de los ciudadanos debe asumir las consecuencias de sus actos. Los pacientes no pueden convertirse en moneda de cambio de ningún conflicto laboral.
Si no se actúa con firmeza, nuestra sanidad pública seguirá deteriorándose hasta quedar irreconocible. Defender a los pacientes debe ser siempre la prioridad absoluta.
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