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Etapas de la vida, lecciones que tener siempre presentes

9 de Julio del 2026 - Ángeles Menéndez Muñiz (Corvera de Asturias)

A mis 72 años sigo aprendiendo, sigo celebrando, sigo llevando decepciones... Pero también mi reducido (cada día más) círculo de amistades es una tabla donde asirme cuando hay marejada.

Para ser sincera, tengo que decir que mis amigos se reducen cada día más, me sobran dedos de una mano para contarlos, luego están los conocidos que por algún tiempo les di sitio como amigos, hasta ver si pasaban la prueba del algodón y, ¡oh, sorpresa!, muy pocos la pasaron, porque con sus actitudes me han demostrado que no valen la pena.

Paso a desglosar las etapas de mi vida:

La niñez, fui muy feliz.

La adolescencia también la disfrute mucho.

La juventud fue un cóctel de emociones, alegría, experiencias nuevas, también de angustia y sufrimiento, palos en las ruedas, decepciones y también de pequeñas alegrías cuando conseguía saltar obstáculos y alcanzar metas.

La adultez muy parecida a la de la juventud pero mucho más reivindicativa, activista en contra de las injusticias que se cometen con las personas vulnerables; sean niños, mayores, personas con DC y esos seres maravillosos, los animales, que nos dan lecciones de humanidad a nosotros, los mal llamados humanos.

La llamada tercera edad es mi estado actual, y sigo a la contra del edadismo, la condescendencia que utiliza la gente más joven para con los "viejos", y no solo los jóvenes, porque en hospitales, centros de salud, estamentos oficiales y la sociedad en general tienen la brillante idea de que a partir de cierta edad dejamos de ser personas con derechos y pasamos a ser la abuela, la vieja, la senil, la invisible, la que estorba, la que ya tarda en pasar a mejor vida, etc.

Cada día que pasa me doy más cuenta de que esos tiempos de mi infancia donde no había prisas, teníamos tiempo a hablar con las amigas, a jugar, a respetar a nuestros padres y personas mayores, todo eso ya jamás volverá.

Ahora todo son prisas, no tenemos tiempo para nada que no sea competir, compararnos con el vecino a ver quién tiene más poderío, más éxito en la vida, y vivir de las apariencias cara a la galería.

En mi época, a los mayores se les veneraba, se les pedía consejo y se les cuidaba hasta el último día de su vida.

Pero hace muchos años que ya no es así, ahora estorban en casa, no hay sitio, llegan las vacaciones y en el mejor de los casos les buscan una residencia porque hay que disfrutar la vida y ellos son un lastre; y en el peor los llevan a urgencias de hospital y allí les dejan, o como casos que se dieron de dejarles en una gasolinera al igual que hacen con los animales; cada día vamos a peor. No hay valores, respeto y mucho menos empatía, nos pensamos que somos inmortales y al final vamos a acabar todos en el hoyo. Somos como esos ratones en sus jaulas que pasan todo el día corriendo en su rueda, no saben que por mucho que caminen al final no llegan a ningún sitio.

A estas alturas de mi vida, no confío en nadie, todo son intereses, hipocresía, no hay compañerismo, la mayoría de las mujeres carecen de sororidad, sobre todo, si piensan que fulanita o menganita igual brillan o destacan mucho... Ahí van a degüello, porque les perdonan la vida mientras están calladitas y no les hacen sombra, pero si muestran, como es mi caso, su carácter y personalidad, y, sobre todo, no se dejan manipular... entonces se muestran tal cual son, se quitan la máscara de persona que no ha roto un plato y sacan lo peor que llevan dentro, envidias, celos, egos desmesurados, y no dudan en pisar cabezas para ellas trepar y juntarse siempre al sol que más calienta. Pero, eso sí, lo hacen con la sonrisa puesta, porque a falsas no las gana nadie; si algo aborrezco es a las personas de doble cara, te sonríen de frente y te apuñalan por la espalda.

Esto tenía ganas de decirlo, porque lo he vivido y también he visto esta manera de actuar con otras personas; algunas veces me han dicho que soy ingenua, y es cierto, porque pensaba que todo el mundo era bueno, pero las experiencias de la vida y las actitudes que observo me demuestran a diario que la vida es puro teatro.

Por eso ahora soy mi prioridad y me alejo del ruido, el tiempo que he perdido dedicándolo a personas que para nada lo merecían ahora me lo dedico completamente; en realidad, la mejor amiga que tengo soy yo misma. Como dice el refrán: soy como Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como; los años me han enseñado que la soledad elegida es un bálsamo para la mente y la paz interior.

Para terminar rescato unas palabras de Adolfo Camilo Díaz, gerente de Cultura del Ayuntamiento de Corvera, que hace cinco años le dedicó a nuestro hijo, y, mira por dónde, piensa igual que yo:

"La xente nun ye normal.

Tono sí. La xente dizte lo que quies escuchar, non lo que sienten. Tono dizte lo que-y sal de les entrañes.

La xente que conocemos, nosotros mesmos, apuñálate pela espalda a la mínima ocasión.

La hipocresía y la mentira marquen el nuestru día a día: somos seres sociales y, como talos, debémosnos a lo que los demás esperen de nós, no a lo que somos. Tono non, Tono fixa un discursu coherente e inamovible: ye como ye y débese a él mesmu".

Solamente añadir que si una es fiel a sí misma y no dice lo que los demás esperan escuchar sino lo que realmente piensa, ahí ya dejas de ser la buena de la película y pasas a ser lo peor. Pero mi manera de pensar no es negociable y desde luego que no la voy a cambiar por agradar al personal; la razón es muy sencilla: tengo personalidad y criterio propio, aunque a muchas personas no les entre en la cabeza.

No soy de seguir manadas, sigo el camino que me dicta mi conciencia, si me equivoco rectificaré y si acierto lo celebraré. Soy responsable de lo que digo o hago, pero no lo soy de lo que los demás piensen de mí.

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