Tendencias del cine actual
El talibanismo posmoderno entiende que si no te apasiona Christopher Nolan tienes los gustos cinematográficos en el nalgatorio y poca autoridad para hablar del tema. Que el director británico es hoy lo que en su día fue Aki Kaurismaki o el cromático Kieslowski: vanguardia pejiguera, pomposa hondura y rollos de celuloide para fardar ante esos amigotes que piensan que la Nouvelle Vague era una famosa revista de moda. Y cuando ya falta muy poco para el estreno de "La Odisea" han salido esos que se creen el nuevo Alfonso Sánchez, incontables como perrechicos en primavera y recurrentes como la tos de un fumador, para afirmar, con dos bemoles, que va a sentar el canon de lo que es la obra de Homero en el siglo XXI. También han emprendido una caza de brujas contra los infelices a los que les ha chirriado el famoso rapero negro, Lupita Nyong'o en el papel de Helena de Troya y unos avances que anuncian poca fidelidad a la historia original y fanfarria de la cargante. Infelices que atesoran en la retina los fotogramas de la versión de Camerini de 1954 -"deliciosa, maliciosamente cándida y resabiada" en palabras del escritor Juan Manuel de Prada- y que no aguantan otro plato recalentado de los guionistas hollywoodienses.
El que esto suscribe se cuenta entre el número de esos infelices y no necesita excusas tontas y banales para mostrar su indiferencia por el nuevo proyecto de Christopher Nolan. Tampoco tiene miedo de que le lleven al paredón por decir que si al principio este tipo de blockbuster envuelto en terciopelos de autor tenía su gracia, ahora no es sino la fórmula de su opera secunda estirada como un chicle: "Memento" en un pequeño pueblo de Alaska, "Memento" en Gotham City, "Memento" en un agujero negro, "Memento" en las playas de Dunkerque, "Memento" hasta en los sueños más profundos y "Memento" servido en ánforas panatenaicas. Pero teme el arribafirmante, mientras aún sigue buscando desesperadamente el sentido de "Tenet", que en cualquier momento nos cuele un Quijote cinematográfico. Muy woke. Muy del gusto actual. Rodado en los fríos yermos siberianos. Con Bardem en el rol de Cide Hamete Benengeli, Eugenia Cuaresma en la piel de Dulcinea, un Sancho Panza con la cara de Ander Puig y David Uclés dando vida al ingenioso hidalgo. Porque tengo la certeza de que Uclés va a terminar siendo un actor de los buenos.
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