Cara y cruz del Presidente
Hay cosas que me parecen reseñables en el presidente Sánchez. Su apuesta por causas poderosas que claman, realzando su nobleza el hecho de que tenga que impulsarlo casi en soledad. Es el caso de Oriente Medio respecto de Israel, o la denuncia de los bombardeos en Irán. También su franca apuesta por cuanto suponga eludir el cambio climático. Atribuyo su actitud a su personal forma de concebir e implicación, lejos en consecuencia del supuesto utilitarismo electoralista con el que la tacha la oposición. Su rechazo a unas iniciativas presupuestarias ridículas en el seno de la OTAN añade racionalidad a su pensamiento. Es la cara amable y atractiva del presidente. Actitud que contrasta respecto de su del mismo modo soledad en relación con, en este caso, la casi globalidad de su entorno, acosado por la justicia. Cara y cruz del mismo sujeto, al que no logro centrarle en la configuración de su personalidad. Un tipo dual que nos sorprende con iniciativas que valoro, pero que del mismo modo nos genera sorpresa en otros episodios. Me resulta curioso como conviven en él la apuesta y el relato socialistas, con decisiones que se me antojan diametralmente opuestas, como enviar a su hija a un centro elitista de enseñanza inglesa, por el que es preciso abonar cuarenta mil euros por curso.
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