Servanda: ahora solo disfruto de la vida
“Hay que gozar de la soledad, incluso aunque estén lejos los demás seres”. Séneca, Lucio Anneo ("Epístolas a Lucilio", compuestas poco antes de su muerte, en el año 65 d. C., sirviendo como su testamento vital)
Hoy con un día de calor insoportable, he decidido visitar a una amiga y vieja conocida en un pueblo perdido del centro de Asturias. Viajo temprano y me acompaña un amigo que le encanta la naturaleza y hacemos acopio de alimentos, especialmente frutas y agua en abundancia. Y emprendemos tranquilamente el viaje. Mi amigo me va preguntando por qué tengo interés en visitar a Servanda de 94 años y yo le contesto que ella es un manantial de bondad y sabiduría, una auténtica Xana. Salimos de una carretera general y nos adentramos en una pista sin asfaltar en medio de una naturaleza de belleza indescriptible. Pronto, el coche no puede continuar y empezamos a caminar. Un camino estrecho y muy empinado; vamos apartando zarzas, helechos y maleza en general. En otros tiempos, este era el camino de la vida del pueblo; nacimientos y muertes transitaban de forma continua y el camino, era el cordón umbilical con el resto de la civilización. Un camino testigo de amores y desamores, de ilusiones y fracasos y de trabajos insuperables. Servanda conoce muy bien lo que significa transitar por este camino, pletórico y abundante en recuerdos y en vida. Mi amigo está inquieto y cansado, suda profusamente, no está acostumbrado, pero tiene ganas de saber, conocer y contemplar a Servanda: una señora llena de sabiduría, bonhomía y fortaleza emocional. Al poco tiempo, aparece un perro pequeño que nos ladra, signo inequívoco de que el encuentro está próximo. Y, por fin, avistamos la casa: una antigua casa asturiana, con su balcón, hórreo muy deteriorado y un montón de leña. Y gallinas en la quintana que parecen captar nuestra atención. Un gato nos contempla con mucha atención y el perro que sigue ladrando intensamente. Y sale Servanda, con pañuelo en la cabeza, cabellos blancos, hilos de plata, y tersas manos; me recibe con un abrazo indescriptible que me emociona y también a mi amigo. Nos sentamos en el banco de la quintana y hablamos. ¿Preparo un café? ¡Por supuesto que sí! ¡Os traigo agua con limón! En fin, nos complace en todo y sus ojos azules, poco a poco empiezan a brillar más y más. La emoción de alegría es evidente.
Epígrafe: Resiliencia
Destacado: Utiliza el silencio en armonía con la naturaleza para limpiar su cerebro. ¡No hay almohada más blanda que una conciencia tranquila!
SERVANDA PREFIERE CONTEMPLAR LAS GALLINAS
Servanda ha tenido dos hijas que no aparecen por allí y bien que espera verlas en el camino. ¡Están muy ocupadas! Quisieron llevarla a una residencia geriátrica, pero ella se negó totalmente. ¡Prefiero contemplar a mis gallinas, escuchar el canto de los pájaros, (especialmente el ulular de la lechuza que le visita todas las noches) y dejarse llevar por los tranquilizadores atardeceres! ¡Por una puesta de sol inimaginable! Pero Servanda ha tenido grandes adversidades en la vida. Y, ciertamente, cuando la adversidad nos golpea es sencillo caer en el papel de víctima y dejarnos hundir por la rabia, la frustración, la pasividad, la anergia, la desesperanza y la tristeza. Las emociones tóxicas se disparan: desasosiego, impaciencia, tensión nerviosa, irritabilidad, tristeza, resentimiento, rabia, ansiedad y malestar. En este estado psicológico, es muy importante practicar la “catarsis emocional” (ventilación emocional). Una emoción negativa o cualquier sentimiento conflictivo, desencadena la respuesta al estrés que estimula el sistema nervioso simpático, lo cual implica secreción de las hormonas del estrés, es decir, el cortisol y la adrenalina que acaban produciendo efectos deletéreos. Pero Servanda, sabe desactivar el estrés; utiliza el silencio en armonía con la naturaleza para limpiar su cerebro. ¡No hay almohada más blanda que una conciencia tranquila! Servanda, mantiene la calma y la curiosidad como fórmula eficaz para una longevidad saludable.
RECUPERAR LA ILUSIÓN
Asegura Servanda que si recuperamos la ilusión (en grande), obtendremos el optimismo que nos permitirá extraer un aprendizaje de lo vivido (amar todos los detalles de la vida; incluida la respiración) y continuar con fuerza y energía (resiliencia) esperando un futuro cargado de satisfacción, trascendencia, sentido de la vida, esperanza y vitalidad. Su principio terapéutico esencial es: “la vida es un regalo, y no una lucha”. ¡Qué gran regalo! Por eso, hay que rescatar la capacidad de disfrutar, de sonreír y de creer en lo imposible. Todo ello, vive en ti, asegura Servanda. ¡Solo lo has olvidado! No soy una “vieja” apostilla Servanda, “sólo me llegó la tarde, vieja es la luna y nos alumbra en la noche estrellada”. Por eso, hay que encontrar nuevas experiencias sensoriales que mantengan activo nuestro cerebro y que generen emociones positivas. Y así, ha superado el vacío nihilista de la soledad y la insatisfacción crónica que termina en envejecimiento patológico. En fin, Servanda dice sentirse feliz: “de tanto pasarlo mal, ahora solo disfruto de la vida”. Servanda nos despide con otro café, nos acompaña por el camino, me da un gran abrazo; una lágrima discurre por su rostro arrugado y me dice: “no olvides, que cada día que vives es una ocasión especial que debemos aprovechar al máximo”. Avanzamos en silencio descendiendo por el camino, llegamos al coche, no hablamos y nos damos un gran abrazo. ¡Gracias, Servanda!
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