Alonso, último; la F1, también
Y es así, no cabe demasiada especulación; las imposiciones de las grandes marcas del sector del automóvil, léase: Mercedes, Audi, Porche, Renault, etc., sobre el deporte -que lo es la F1, aunque quieran presentarla como un mero escaparate para la venta y difusión de sus vehículos- están condicionando su apoyo financiero, al cambio político -porque no es otra cosa más que decisiones ideológico políticas- de los motores de convulsión derivados del petróleo, por los "políticamente correctos" basados en el "ecologismo" medioambiental. Es decir: todo, por el temor -lógico- a que los gobiernos, endurezcan más sus políticas contra el uso de los motores de explosión, y que no se duda que influirán en los accionistas de estas empresas, con lo que, de seguir, usando la motorización tradicional, pudieran reducirse la celebración de grandes premios; algo que la FIA aceptó con la nueva normativa, del 50% de convulsión y el otro 50% eléctrico: Y a partir de ahí, el declive.
Esta breve exposición de los motivos que afectan ya al presente y futuro del deporte de competición a este nivel tiene, al menos, un racionamiento económico comprensible; pues nadie quiere poner en riesgo sus inversiones ante la preocupación, tan lógica como realista, de que los gobiernos prohíban, y ahoguen, la celebración de carreras de la Fórmula 1 con leyes cada vez más estrictas. Razones históricas para ello no les faltan, desde la limitación de anunciantes hasta las excesivas normas, que la misma FIA viene aplicando para poder desarrollar eventos en los diferentes países, debido al extremismo ambientalista actual y a la supresión populista de anuncios de productos, que permiten, su consumo y venta, los mismos gobiernos, pero que prohíben en el deporte del motor...
Ahora bien, si lo anterior tiene alguna base comprensible, no así el que la industria automovilística se pliegue a las exigencias de organismos, no solo nacionales, también internacionales, como la misma ONU, y que por un efecto "simpático" arrastra a la UE, que además de estar ideologizados coyunturalmente y teniendo en cuenta que "todo mengua al cocer", den al traste, y con mayores pérdidas, que las que pretenden evitar, cuando dichas aceptaciones cooperan a desnaturalizar -como ya lo hacen- la F1, en particular, y el deporte automovilístico en general.
Esta situación que en nada agrada, y que a todos enfrenta, incluidos los que realmente sostienen este "mundo" como lo son: la afición, con mayúscula, y los, actores, -pilotos y equipos- no puede ni debe seguir siendo utilizada, con la más que dudosa, eficiencia económica, o política. No pueden obviar, los que hoy condicionan su apoyo, por lo aquí expuesto, que el aficionado, ha sido, es y será, el mejor "patrocinador" del mundo del motor en general. No duden, por tanto, que, en el momento, en que esta ingente masa de seguidores, vean que la actual fórmula uno, es una adulteración, donde ni los pilotos, son capaces, de entender; el final será cada vez más una triste realidad. Por ello, que nuestro Fernando Alonso, haya cambiado, en su última carrera en Bélgica, hasta cinco veces, su motor eléctrico, no es por sí solo una causa de su situación deportiva, pero lo que lo sí demuestra indudablemente, es su consecuencia : el descenso de seguidores en las grandes plataformas televisivas, unido a la queja de todos los pilotos de la parrilla, por lo inconducibles de los monoplazas, no exentos de peligrosidad dadas las diferentes variaciones de velocidad, ajenas la gran mayoría de las veces, al pilotaje.
Conclusión: Alonso sale el ultimo ¡sí!, pero es el primero que viene avisando, lo que otros, no quieren ver, es decir: Esto no son carreras de coches, son coches, que los políticos quieren que corran, como ellos quieren.
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