Gracias
Y volvió a rodar. Ese dichoso cuero que por un momento nos iguala a todos. Quizá por eso el fútbol acaba siempre hablando de mucho más que fútbol. En la vida, la mayoría de los conceptos que parecen sencillos son, en realidad, los más complejos de desgranar. Todo lo que nos une y nos separa cabe en un rectángulo de juego y 90 minutos.
El domingo nos unió. Durante ese espacio temporal, todos estábamos buscando un mismo objetivo. No importa de dónde vienes ni a dónde vas, ni tu edad, ni a quien votas... solo importa el momento. Hubo un sabio que dijo que solo importa ganar. Yo no lo veo así: hay muchos que lo intentan, se quedan por el camino y nadie los oye. Ahí reside la grandeza del que finalmente lo consigue y el honor del que se queda en el trayecto. Porque, al final, eso es lo que realmente importa: el camino, eso es la vida. Y los que te acompañan, claro.
Hace 16 años ya de aquel julio de 2010. Siendo un niño y viviendo en unas vacaciones eternas, vi cómo mi selección se proclamaba campeona del mundo por primera vez. Acostumbrado a las penurias del equipo de mi vida, el de mi ciudad, el Real Oviedo, aquellas semanas fueron un soplo de aire fresco. Y qué bien sentó. Nunca olvidaré ese dichoso minuto 116, cuando me fundí en un abrazo con mi padre que recordaré toda la vida. Hoy, por un momento, volví a ser aquel niño. Simplemente, gracias.
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