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Bras y la justicia

23 de Julio del 2026 - Antonio Valle Suárez (Castropol)

No hace falta ser abogado ni haber estudiado leyes para que a uno le asalten dudas. Basta con sentarse un rato en un banco del paseo y encontrarse con mi amigo Bras que, sin duda, es un hombre sencillo además de culto. Lee el periódico todos los días, escucha la radio mientras poda los tomates y, como tantos jubilados, intenta entender las cosas cotidianas en un país que, a veces, parece hablar un idioma distinto al de la gente corriente.

-Antonio -me dijo el otro día-, debo de estar perdiendo facultades, porque ya no entiendo nada de lo que pasa a veces.

Lo vi un poco triste hoy, y le pregunté que qué era lo que le preocupaba.

-Pues mira. Unos investigados no pueden salir de España sin permiso, les retiran el pasaporte y tienen que presentarse periódicamente en el juzgado. Otros, investigados, también por asuntos que parecen muy serios, siguen haciendo su vida con absoluta normalidad. Y yo, que no entiendo de leyes, acabo preguntándome si es que veo las noticias con las gafas equivocadas. Ya me estoy viendo en la consulta del oculista.

No supe qué contestarle. Le expliqué como mejor pude lo que a mí me parecía. Que cada procedimiento es distinto, que los jueces conocen datos que nosotros ignoramos y que la ley les concede la facultad de adoptar o no determinadas medidas cautelares. Así debe ser en un Estado de derecho. Bras me escuchó con atención y, cuando terminé, me respondió con una media sonrisa al tiempo que me decía:

-Todo eso está muy bien, Antonio. Pero la confianza también necesita alimentarse de lo que uno ve. Y cuando el ciudadano corriente percibe diferencias difíciles de comprender, empiezan las preguntas.

Las palabras de Bras no eran palabras de un jurista. Eran las de un vecino cualquiera.

Seguimos caminando en silencio. Al cabo de un rato, Bras, soltó una frase que me hizo sonreír.

-Yo solo le pido una cosa a la vida, que Dios me libre de tener que entrar en un juzgado. Y, si además no tuviera dinero para defenderme, ya sería para encenderle una vela al santo de mi devoción.

No supe si reír o darle la razón. Porque los ciudadanos del montón no pretendemos juzgar a nadie. Solo deseamos creer que la ley mide a todos con la misma vara. Y cuando no lo parece, que alguien sea capaz de explicarlo de una forma que entendamos quienes no hablamos el lenguaje de los tribunales.

Mientras tanto, Bras seguirá leyendo el periódico cada mañana y yo seguiré escuchándolo.

A veces, las preguntas de un hombre sencillo valen más que muchas respuestas complicadas.

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