Licencia para desesperarse
Esperar dos años para obtener una licencia de obra no es un simple retraso administrativo. Es dejar bloqueados proyectos de vida y económicos sin que nadie de una solución.
Hace tres años compré, junto con mis hermanos, un terreno en Villaviciosa donde cada uno construirá su vivienda. Para simplificar el proceso elegí una casa modular de 40 m2, fabricada con una excelente empresa asturiana que la instala en apenas tres meses. Todo está estudiado para ajustarse a la normativa.
En diciembre presentamos el proyecto al Ayuntamiento. Desde entonces, silencio. Nos explican que problemas internos mantienen bloqueadas miles de licencias y que, con suerte, la nuestra podría resolverse dentro de dos años. Para entonces, ya me habré jubilado.
No cuestiono que el Ayuntamiento de Villaviciosa tenga dificultades. Lo que resulta difícil de aceptar es que esas dificultades recaigan sobre nosotros. La Administración no puede convertir la excepcionalidad en norma.
Escucho historias incomprensibles, como la de un pequeño hotel rural familiar que ha perdido la ayuda para su negocio por la demora de la licencia, o nuestro vecino de prado que después de esperar casi dos años un infarto le ha impedido terminar su casa.
Con 64 años, dos años más de espera no son un detalle menor, son dos años que nos quitan, a miles de personas, de hacer posibles los proyectos de vida.
La solución a este problema no puede ser nuestra paciencia.
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