El salmón en Asturias: ¿la solución más fácil o la más eficaz?
Buenos días:
Me he enterado por LA NUEVA ESPAÑA de la decisión del Principado de prohibir la pesca del salmón en Asturias. Una noticia que, además de sorprendente, deja una sensación difícil de evitar: cuando las políticas de conservación fracasan, el problema termina siendo siempre el pescador.
Porque, si lo pensamos, la lógica es curiosa.
Durante décadas se han invertido recursos públicos en gestión, conservación, estudios, técnicos, biólogos, planes de recuperación y seguimiento de las poblaciones. Sin embargo, cuando el número de salmones alcanza mínimos históricos, la conclusión no parece ser revisar qué ha fallado en toda esa estrategia, sino cerrar los ríos a quienes llevan décadas financiando su conservación.
Es una solución extraordinariamente cómoda: si no hay pescadores, tampoco habrá capturas. Y, de paso, ya hay un responsable visible al que señalar.
Adjunto los datos oficiales publicados por el Gobierno de Navarra sobre el río Bidasoa. Allí se prohibió totalmente la pesca del salmón en 2023. Tres años después -cuando deberían empezar a regresar precisamente los salmones nacidos tras la veda- se ha registrado (en 2025) el peor año desde que existen registros modernos.
Parece, por tanto, que los salmones siguen sin entender que una resolución administrativa debería solucionar el problema.
Lo más llamativo es que la propia historia demuestra lo contrario. En los años ochenta, cuando el Bidasoa apenas superaba el centenar de salmones remontando el río, no se optó por prohibir la pesca como única respuesta. Se trabajó sobre el hábitat, la gestión y las repoblaciones, y la población terminó multiplicándose hasta alcanzar máximos históricos.
Es decir, cuando la gestión funcionó, aumentaron los salmones.
Cuando deja de funcionar, desaparecen los salmones... y desaparecen también los pescadores.
Resulta difícil no interpretar la veda como el reconocimiento implícito de que las políticas de conservación desarrolladas durante años no han alcanzado sus objetivos. Porque si, después de décadas de gestión, la única medida posible es prohibir la pesca, quizá el problema no estaba precisamente en quienes pescaban.
Me gustaría conocer también cuál ha sido la evolución del río Navia, donde la pesca lleva años prohibida. Si la veda fuera, por sí sola, la solución, hoy debería ser un referente europeo en recuperación del salmón. Sin embargo, todos conocemos cuál es su situación.
Los pescadores no somos enemigos del salmón. Todo lo contrario. Somos quienes llevamos años pagando licencias, cuotas, cotos, repoblaciones y colaborando en la vigilancia y conservación de los ríos. Curiosamente, ahora parece que también debemos asumir la responsabilidad de decisiones que nunca hemos tomado.
Por ello, creo que se debería solicitar al Principado algo más que una explicación. Se deberían exigir:
-Los datos técnicos que justifican la medida.
-Los resultados obtenidos con las políticas de conservación de las dos últimas décadas.
-La evaluación de las actuaciones financiadas con dinero público.
-Un plan de recuperación con objetivos medibles, presupuesto y calendario.
Y, sobre todo, que la responsabilidad se reparta entre todos los actores implicados y no recaiga, una vez más, únicamente sobre los pescadores.
Porque prohibir siempre es más sencillo que gestionar. Y culpar al último eslabón de la cadena también.
Lo realmente difícil es reconocer que, quizá, el problema no estaba en la caña.
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