Solo los acuerdos generan progreso
Si los ayatolás amasen realmente a su pueblo; si realmente anhelasen su crecimiento y prosperidad; si realmente buscasen la concertación con el mundo y otros pueblos, hace tiempo que habrían dejado de proliferar con el armamento nuclear. Lo cual es sin embargo harto complicado, porque ningún régimen, menos aún el iraní quiere abandonar el poder. Todos pretenden instalarse en permanencia, justificándolo como el modelo mediante el cual cumplimentar sus faraónicos proyectos. Ya de paso, prorrogarse en las ventajas que los regímenes otorgan a sus mandatarios y sus clanes. Vivir en lo que estiman ha de ser el estatus de los mandatarios; glorificarse en los libros educativos de los sistemas que ellos mismos sustentan; alcanzar la gloria evidenciada en estatuas y mortuorios; ser recordados como padres, lo que dura en tanto duran los continuadores de cada sistema. Las democracias disponen de los relevos ágiles que evitan la persistencia en el poder. En detrimento, carecen de continuidad para sacar adelante proyectos de larga duración, máxime si el tiempo de mandato se transforma en un período electoral permanente que impide los consensos necesarios entre todos. El consenso y los acuerdos son precisamente la fórmula que equilibra los tiempos de mandato relativamente cortos, con la asunción de proyectos largos que trascienden la duración de los mandatos propiamente dichos. Sin acuerdos, sin consenso, el progreso es endeble y quebradizo, si es que realmente se da. Hemos de abortar aquellos elementos que generen la polarización que divide y que rompe de facto el acuerdo. Los partidos estanqueizados, los medios de comunicación alineados, la cultura alienante respecto del librepensamiento son factores que quiebran el desarrollo. Eludamos la fórmula mágica de solución, que no existe sino compartida con otros matices del mismo modo creadores. Dejen trabajar a los técnicos. No les impongan modelos ni decisiones pre adoptadas. Empápense los dirigentes de respeto y de empatía, y como no, de buenos modales. No hay otra solución, al menos en tanto alberguemos otros modelos administrativos de organización social, lejos de los políticos que precisamente dictan las transformaciones, ni que decir tiene que en su permanencia y en su exclusivo beneficio. Cuando menos, entre tanto, exijámosles cada cual a los suyos que luchen por los acuerdos, y que no incordien más de aquello a lo que están acostumbrados.
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