La lección de la Roja
Leí hace unos días una frase del historiador romano Pompeyo Trogo que me hizo pensar. Decía que los hispanos eran valientes y resistentes; o sea, pistonudos. Pero que tenían un gran defecto, y era que cuando no tenían un enemigo común, se dedicaban a pelearse entre ellos. Han pasado más de dos mil años y uno se pregunta si hemos cambiado tanto.
Mi amigo Bras dice que España siempre ha demostrado una enorme capacidad para unirse cuando llegan las dificultades. Lo acabamos de comprobar con nuestra selección de fútbol. Durante unos días desaparecieron las diferencias y millones de españoles vibramos como uno solo, orgullosos de una Roja que volvió a llevar nuestro nombre a lo más alto del mundo. Qué lástima que ese espíritu dure tan poco. Porque, apenas pasa la alegría, regresan las trincheras de la política, las banderas, los reproches y los enfrentamientos. A veces parece que discutir nos resulta más fácil que escucharnos.
Trogo admiraba el valor de los pueblos de Hispania, pero lamentaba que gastaran sus fuerzas luchando entre ellos en vez de construir juntos. Quizá por eso Roma tardó casi dos siglos en conquistar la Península, pues unidos éramos muy difíciles de vencer.
Al término de nuestro paseo junto a la ría, Bras sonrió y nos dijo:
-A lo mejor Pompeyo Trogo no estaba escribiendo sobre los hispanos de hace dos mil años... A lo mejor estaba escribiendo sobre nosotros.
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