El Pascual Duarte de Cela
Tiempo de verano, tiempo de relecturas y yo vuelvo al Pascual Duarte para empaparme de ternura, de crueldad y buen hacer creativo. Fue la novela mayor y es la más traducida a idiomas extranjeros tras el Quijote.
La primera vez que la tuve en mis manos quedé horrorizado. La leí en una tarde. Esta vez, al cabo de más de medio siglo, toda una mañana.
Sus páginas prenden y encandilan. Sumergirse en sus páginas es bañarse en una obra de arte de la palabra. Aunque ese hermanillo que nació tonto (parvo) viera sus orejas devoradas por una cerda, aunque se describa con pelos y señales un coito en un cementerio.
Aunque se perciba, casi se palpe, cómo Pascual, un hombre cabal, sentimental, pero con un mal pronto, hinque la navaja en las carnes del Estirao, un proxeneta de Almendralejo que raptó a su hermana, la Rosarito, y sedujo a Lola, su mujer, a la cual hizo un hijo.
Aunque el convicto ya en la cárcel de Chinchilla muestre su arrepentimiento y los rasgos bondadosos de su longánime carácter pero en el momento fatal de subir al patíbulo tenga que ser arrastrado por el verdugo, se cague de miedo y se someta al garrote vil entre juramentos.
La novela fue escrita en el año 1942, dos años antes de yo nacer, pero narra una España de posguerra que conocí en mi infancia: las casas con derecho a cocina, el libertinaje que vino como consecuencia del enfrentamiento bélico, el hambre, el estraperlo, el poder eclesial y los excesos del vino, las burradas en las fiestas patronales. Cela tuvo que publicarla en Buenos Aires.
Ofreció a Pio Baroja que le prologara el escrito, pero don Pío, muy cauto o muy cuco, le dijo:
Camilo, si usted quiere ir a la cárcel, vaya usted solo, que yo no le acompaño.
No pasó la censura, pero tuvo un valedor en el crítico Cossio por cuya mediación esta tremenda y maravillosa novela (un retrato de España de posguerra) vio la luz en Argentina.
Por lo demás, ahí queda eso. Yo tuve la suerte de entrevistar a este gallego de Iria Flavia y escribir un libro sobre su persona, "Cela, el Café Gijón y yo". Es un clásico de las letras castellanas comparable con Cervantes, Quevedo, Tirso de Molina, y era un clásico de corazón falangista que hizo la guerra con Franco. Respiren por la herida sus enemigos que lo ningunean y postergan. Era un español de cuerpo entero sin nada de judío sionista por supuesto.
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