¿Es conspiranoico pensar en voz alta?
Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos e incluso Estados Unidos tienen fuertes incentivos para poner fin a la guerra con Irán y reabrir el estrecho. Necesitan ingresos petroleros, mercados estables y cadenas de suministro funcionales. Pero esos incentivos no importan en los niveles más altos del control global. La agenda globalista no busca la restauración, sino el colapso sistémico.
Actualmente, la destrucción física que se está produciendo es abrumadora porque tanto las plantas desalinizadoras como las redes eléctricas y las plantas de procesamiento de gas están siendo bombardeadas sin que exista una posibilidad realista de reconstrucción, lo que genera temores de que los próximos objetivos de esta guerra sean precisamente las instalaciones que hacen posible la vida en el Golfo.
Las mejores previsiones advierten de que la recuperación de la producción de energía en esa parte del mundo podría tardar hasta dos años. Pero esto es incluso muy optimista en un desierto a 49 grados centígrados, sin aire acondicionado ni agua.
Delante de nuestras narices se está produciendo el desarrollo de la mayor crisis de la historia de la humanidad, puesto que perder 20 millones de barriles de petróleo al día y el 10% de la producción mundial de fertilizantes significa depresión y hambruna a nivel global, y quienes la provocaron tal vez no tengan ningún deseo real de ponerle fin.
El proceso Haber-Bosch (reacción de nitrógeno e hidrógeno gaseosos para producir amoniaco), que alimenta a la mitad del mundo, está a punto de paralizarse porque el gas natural -la materia prima para los fertilizantes nitrogenados- ya no fluye de sus mejores fuentes.
Puesto que la escasez de diésel y fertilizantes paraliza la agricultura, la verdadera amenaza de la guerra de Irán afecta a los agricultores, no a las gasolineras. Si no hay fertilizantes, las cosechas se desploman. Si no hay diésel, no se pueden cosechar ni transportar alimentos.
Consecuencia directa: los precios del petróleo se disparan, el racionamiento de diésel afecta al transporte de alimentos y millones de personas se quedan por el camino.
El sistema está bloqueado, pero... ¿Cuál es el objetivo?
¿Es conspiranoico pensar en voz alta que esta guerra es una despoblación deliberada y planificada de la infraestructura energética y alimentaria mundial?
¿Es conspiranoico pensar en voz alta que la destrucción del estrecho de Ormuz no es una maniobra militar táctica, sino un reinicio estratégico diseñado para colapsar la población mundial?
¿Es conspiranoico pensar en voz alta que la hambruna de 10 años está a punto de desatarse?
¿Es conspiranoico pensar en voz alta en una estafa mayor que el ocvid?
¿Es conspiranoico pensar en voz alta que quieren que la humanidad muera y están dispuestos a destruir la infraestructura que la mantiene con vida para lograrlo?
Saludos cordiales.
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