Cretinos
Arriondas, capital de Parres, tiene un emplazamiento de privilegio en el privilegiado Oriente de Asturias (el Este del Edén). Aquí confluyen el Sella y el Piloña y desde aquí, el valle del Sella se abre a una espléndida panorámica sobre los Picos de Europa que para sí la quisiera Cangas de Onís. En su abrazo, el Sella y el Piloña perfilan además un generoso triángulo, convertido en el muy popular parque de La Concordia, que hasta luce una escultura de Camín.
Pero los ríos no son solo ornato, invitación al deporte y fuente de riqueza; de tiempo en tiempo, se les hinchan las narices y amenazan la seguridad de la población. En la memoria de los parragueses están muy vivas las formidables crecidas de 2010 y 2012, que colapsaron la villa y la pusieron al borde de la catástrofe. Ahora, quince años después, culmina un macroproyecto de diques y puentes, concebido con la ambiciosa intención de hacer inofensivos los desmanes de estos ríos.
Dicho sea de paso, uno de esos puentes, el que franquea el Piloña, nace aquejado de una ostentosa desproporción que le impide encajar con funcionalidad en el contexto urbano. De ello se derivan problemas para los usuarios, que ya le empiezan a llamar "el Puente de los suspiros". El acceso en bici al parque de La Concordia por el Puente de los suspiros es francamente disuasorio. Tal vez por eso, llegó a la Corporación la propuesta de que la pasarela peatonal que une los parques de la Concordia y de la Llera, y que va a ser remodelada por el Principado, incluyera una pista para bicis; la población infantil dispondría de así de un espacio seguro muy amplio, sin circulación de vehículos.
El Pleno rechazó la propuesta invocando dos razones: Que la propuesta no tenía que ver con las inundaciones, y que la pista ciclable encarecía el proyecto del Principado. No vivo en Arriondas ni tengo arte ni parte en la propuesta (de la que me enteré por una emisión local de radio). Circunstancias que me garantizan cierta objetividad al evaluar las sinrazones de la mayoría municipal: en efecto, que los guajes puedan cruzar la pasarela sin apearse de la bici no puede influir en el cambio climático ni en la frecuencia de las crecidas. Ante la eventual negativa del Principado a asumir el incremento del presupuesto (el chocolate del loro), el Ayuntamiento debería practicar, frente al vicio de no dar, la virtud de insistir y, en último término, asumir él mismo el sobrecoste.
La lógica de base que maneja la mayoría municipal de Parres es la de dar por buenas sus propias propuestas (aunque sean malas), y dar por malas las que vengan de la oposición (aunque sean buenas). Para funcionar así no hacen falta muchas neuronas (hasta se puede sospechar que estén programados con IA de saldo). Lo que no significa que sean tontos: esa dialéctica elemental les viene asegurando una longevidad superior (50 años) a la del franquismo (40). Lo importante es durar; los críos que pasen con las bicis por donde puedan. O que se queden en casa.
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