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El arte del kintsugi

28 de Julio del 2026 - Sara Martín Blanco (LUGO DE LLANERA)

Todos llevamos un disfraz puesto y, desde ese disfraz, nos relacionamos con el mundo.

Con un complejo mundo emocional que tiene su propio código y que, por desgracia, apenas sabemos manejar.

Es el disfraz de las expectativas: las propias, las impuestas por la familia o por la sociedad para encajar.

Un disfraz que nos permite desempeñar un rol, pero que a la vez oculta nuestra más profunda herida.

Reaccionamos en el presente con dolores pasados o buscando repetir lo que nos resulta familiar; patrones automatizados en la infancia que no siempre nos llevan a buen puerto.

Ese código ,desconocido para el resto, lo es a veces también, por desgracia, para nosotros mismos.

El psicologo R.Plutchik creó un mapa estructural para clasificar los estados emocionales, que representó en una rueda de colores.

¡Qué fácil sería entonces la interacción con nuestros semejantes si cada día nuestro cuerpo emitiera el color correspondiente!

Sabríamos que del verde miedo nace la sumision y de la sumisión la furia roja y de la furia, la agresividad y finalmente la azul decepción.

Sabríamos que los fuertes fingen que nada les duele para no mostrar debilidad, porque en realidad la vida no les ha dado tregua, que los que siempre hacen reír al resto a veces cargan en silencio una profunda tristeza, o que los que se empeñan en mostrar éxito constante esconden un vacío absoluto.

No hay nada más humano que buscar un hombro en el que reposar cuando estamos exhaustos o una mano que nos levante cuando hemos caído. Pero no siempre sabemos pedirlo y acabamos desterrando a quien nos brindó amor, alegría y confianza, para iniciar un oscuro peregrinaje por la soledad.

A finales del siglo XV en Japón, el Shogun Yoshimasa envió a reparar un tazón de chino roto.

Viendo el horrible aspecto del tazón reparado con grapas metálicas, ordenó realzar las grietas con metales preciosos para que el resultado fuera más bello.

Así nace el kintsugi, el arte tradicional de reparar cerámica.

El kintsugi nos enseña a abrazar la imperfección; representa la resiliencia ,la capacidad de reconstruirnos.

Cada golpe, cada cicatriz de la vida, es una oportunidad para ser alguien nuevo y más bello.

Dejo que esta palabra resuene en mi mente mientas visualizo una ruta repleta de confianza, aceptación, serenidad, admiración, optimismo, alegría y amor.

Amarillos, verdes claros y naranjas: sin ninguna duda mis colores favoritos.

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