Gracietas. La libertad de expresión
La libertad de expresión es buena para la salud del cuerpo, pues si te expresas reduces tu presión o tensión. Es buena también para la salud de la democracia, pues si la gente critica se reduce la corrupción, los abusos de poder, la ineficacia, y la discriminación.
Resumiendo, la libertad de expresión es saludable. A pesar de que es saludable, se ha de regular, se han de establecer ciertos límites. Ahora estoy pensando en ciertas gracietas. Muy criticables las que se hacen contra colectivos vulnerables. Menos criticables las que se hacen contra figuras públicas: el rey, el presidente del gobierno o el alcalde del pueblo. ¡O la Virgen!
Gracietas, del primer grupo, antes muchas: Los chistes del humorista Arévalo, 2018, de "gangosos", y de "subnormales"... También recuerdo a Bertín Osborne, burlándose de los afeminados... Y el uso repetido de la figura del "gitano vago", del dúo Cruz y Raya. (...).
Gracietas del segundo grupo, antes pocas: Dani Mateo sonándose la nariz con la bandera de España. O una actriz bromeando sobre la vida sexual de la Virgen del Rocío. O la reciente gracieta del futbolista del Club Sabadell, contra Pedro Sánchez, denunciado por "incitación al odio".
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