¿Qué más nos falta para ver caer a Sánchez?
Son las dos preguntas que todo español con un mínimo de sentido común lleva tiempo haciéndose. Y más si recordamos que Pedro Sánchez llegó al poder mediante una moción de censura contra Mariano Rajoy, en nombre de la "decencia" que supuestamente le faltaba al PP. "Usted no es decente", le dijo Pedro a Mariano en 2015. Mariano, otro que tal baila.
Una década después, Sánchez no está salpicado por casos de corrupción: está hundido hasta las cejas en el fango. Su mujer, su hermano y su exnúmero dos, José Luis Ábalos, Zapatero, el exfiscal general del Estado están todos bajo investigación judicial o condenados. Todos, menos él. Sánchez, según su entorno mediático, es sólo una víctima más de los «pseudomedios» y los «pseudoperiodistas», como diría Sarah Santaolla, la enchufada por el novio en TVE, Javier Ruíz, Afra Blanco o Ramoncín...periodistas de postín.
Pero lo más preocupante de todo esto no es tener en la presidencia a un mediocre con rasgos psicopáticos y sospechas de corrupción a su alrededor. Lo peor es que, si mañana hubiera elecciones, el PSOE volvería a superar los 100 diputados.
¿Quién vota a Sánchez? Una mezcla de enchufados, beneficiarios del sistema, chiringuiteros profesionales, votantes cautivos, charos y desalmados, que no tienen el más mínimo espíritu crítico. Esa es la realidad sociológica que nos debería inquietar.
Esta clase de votante critica con dureza la corrupción del PP, pero justifica la del PSOE con frases como "al menos no gobierna la derecha" o "nos han subido la pensión 20". Una generación vendida por cuatro migajas de pan.
Lo dramático es que estos ciudadanos son compatriotas. Y no queda otra que tragar y seguir adelante, esperando que las futuras generaciones recuperen el espíritu crítico y combativo que esta ha perdido por completo. Porque de Pedro Sánchez saldremos. Costará, pero saldremos. El problema es qué hacer con los votantes que le sostienen. La degradación moral no está sólo en el Gobierno, sino también en quienes lo perpetúan con su voto, ignorando la podredumbre ética del régimen sanchista.
Y mientras tanto, ¿qué hace el principal partido de la oposición? Poco o nada. Su estrategia recuerda a la del marianismo: esperar de brazos cruzados a que España esté completamente arrasada, por si suena la flauta y consiguen una mayoría absoluta sin mover un dedo. Y, por supuesto, sin necesidad de pactar con Vox. Ahora quieren copiar a los de Abascal. Van mejorando, pero no son de fiar.
No quiero engañar a nadie: vivimos tiempos muy difíciles. Pero también estoy convencido de que España despertará. Que los patriotas resistiremos. Que más pronto que tarde esta pesadilla terminará, y entonces se recordará quién calló, quién se vendió... y quién plantó cara. Se celebrarán juicios, y Sánchez caerá como cayó su hermano y caerá su mujer.
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