Limpiar una playa no siempre significa cuidarla
Cuando paseamos por una playa y vemos algas, troncos o restos vegetales arrastrados por el mar, solemos pensar que están "ensuciando" el paisaje y que deberían retirarse. Sin embargo, desde el punto de vista ambiental, estos elementos forman parte del funcionamiento natural de la costa y cumplen funciones esenciales para conservar el equilibrio del ecosistema.
Las arribazones de algas no son basura. Constituyen una fuente de alimento y refugio para numerosos organismos. Entre ellos destaca la pulga de mar (Talitrus saltator), un pequeño crustáceo característico de las playas arenosas que se alimenta de algas en descomposición y desempeña un papel fundamental en el reciclaje de la materia orgánica. A su vez, sirve de alimento para aves limícolas como el correlimos tridáctilo (Calidris alba), el vuelvepiedras (Arenaria interpres), el chorlitejo grande (Charadrius hiaticula) o el zarapito trinador (Numenius phaeopus), además de otras especies habituales en nuestro litoral.
Los troncos, ramas y restos vegetales que llegan con los temporales también cumplen una función importante. Actúan como barreras naturales que reducen la fuerza del viento, favorecen la acumulación de arena y contribuyen a la formación y estabilidad de las dunas junto al barrón (Ammophila arenaria), una planta imprescindible para fijar el sedimento y mantener el sistema dunar.
Esto no significa que una playa no deba limpiarse. Los residuos de origen humano, como plásticos, vidrios, latas o artes de pesca abandonadas, deben retirarse siempre. Pero no debemos confundir la basura con los elementos naturales que el propio mar aporta al ecosistema.
La gestión de nuestras playas debe buscar un equilibrio entre el disfrute ciudadano y la conservación de sus procesos naturales. Una playa completamente "limpia" desde el punto de vista estético no siempre es una playa más sana. En ocasiones, retirar toda la materia orgánica supone eliminar la base de la cadena alimentaria y reducir la capacidad natural de la playa para protegerse frente a la erosión.
Quizá ha llegado el momento de cambiar nuestra forma de entender una playa bien cuidada. No es la que parece más limpia en una fotografía, sino aquella que mantiene sus procesos naturales, conserva su biodiversidad y sigue protegiendo nuestro litoral frente a los desafíos del futuro.
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