Adelante, España
Iba a exclamar ¡Adelante, España! a la hora de hacer frente a la peor crisis migratoria que hemos conocido nunca jamás. Iba a proclamar ¡España, sé fuerte! ante la putada que nos ha gastado Marruecos, omitiendo deliberadamente y con ánimo de hacer daño el aviso de preparación de la nadada, cuando las redes sociales de Marruecos y el boca a boca de sus jóvenes aclamaban que el Tribunal Supremo de España dejaba expedito el cruce de la frontera mediante flotadores. Iba a proclamar ¡España necesita unidad! cuando Georgia Meloni desbordó a la enésima potencia un problema migratorio que en gran medida ha quedado resuelto en términos contables, y que en teoría tan bien habría de comprender. Estuve a punto de gritar ¡España, aguanta! cuando la presidenta danesa reclamó medidas desmesuradas sin aún conocer la crisis en su amplia magnitud. Iba a exclamar ¡Desperta ferro! cuando Ursula von der Leyen reprochó la actitud de España, omitiendo del todo el papel desempeñado por Marruecos en la crisis. Iba a empezar a cagarme en Marruecos y en esa Europa en la que tanto he creído y que ahora se nos desvanece cuando, de pronto, empecé a conocer el fragrante fracaso de toda la comunidad de inteligencia española, que nos ha dejado con el culo al aire ante la invasión. Empezaba a sobresaltarme cuando descubrí que nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad, creo, no han estado a la altura de lo que la situación requería después de dos-tres días de crisis. Me descompuse cuando fui consciente de que el paso del tiempo, desde muchos muchos años atrás, ha esquivado la prolongación adecuada sobre el mar a la verja que se extiende sobre el espigón que define la frontera. Me alteró la ausencia de mando y control de nuestras autoridades en el terreno, a fin de gestionar adecuadamente un grave conflicto. Me soliviantó la condescendía de nuestros sucesivos gobiernos, y la del presidente Sánchez en particular, que, en aras de conservar la debida armonía, el respeto y la supuesta lealtad con quien solo conoce de intereses, y nada más que de intereses y no es fiable en absoluto, embelesa, no obstante, con una relación empalagosa que nos es muy dañina las más de las veces, sobre todo desde que Marruecos dispone del respaldo del "troki" presidente americano. Así que considero, discúlpenme, por favor, la intromisión, que un poco mucho más de carácter y de mala leche sería no solo de agradecer, sino que nos vendría de perillas. Hay que ver... Con lo bien que lo hace con Trump y tan escaso, sin embargo, con el del sur. Me soliviantó nuestra repudiable oposición, la del Viva España, haciendo de una crisis de verdadero relieve un arma arrojadiza contra Moncloa, y ya de paso que le den por el saco a España. Qué desmesura. Qué desgracia la nuestra por quienes en teoría habrán de sustituir al Presidente, que son incapaces de hacer patria ni siquiera cuando nos invaden. Me desconcierta la indignación de nuestro monarca, porque no sé qué leches y a quién ha querido transmitir, creo que a destiempo. Me revientan decenas de vidas perdidas inútilmente, a las que Marruecos ha expuesto en una flagrante iniciativa que clama muchísimo más que una mera condena, aunque nadie le haya reprochado nada a Palacio. Me revienta que los ceutíes sufran y pasen miedo con razón, porque quienes han de ofrecerles garantías, seguridad y sosiego se han quedado muy fuera de la altura. En fin... Que iba a proclamar ¡Adelante, España!, pero me he venido abajo. Se me ha esfumado la chicha. Se me han ido las ganas por el momento. Discúlpenme. Siempre adelante, España, pero sin que ello nos exima, les exima, del cumplimiento de sus deberes y obligaciones, a cada cual las que le corresponden, y de las que ahora ha habido mucha dejación. De otro modo, lo de ¡Adelante, España! se me queda tan vacío como el corazón a las desgraciadas madres que han perdido a sus chiquillos.
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