"Yo quiero ser llorando el hortelano..."
La toma de Ceuta, ese enigmático episodio que los entendidos llaman de "guerra híbrida", se salda con cien bajas. Todas del mismo bando. Cien adolescentes muertos apenas salidos de la infancia. Cien vidas cortadas en flor. Cien vidas cortadas en flor se están despachando en los noticiarios como una nota a pie de página. ¿Porque no son de "los nuestros"?
Se echaron al mar para venir a España, la tierra prometida. Se echaron al mar con la despreocupada desenvoltura, con la alegría de quien salta a la cancha de juego. Se echaron al mar y no alcanzaron la orilla. Se echaron al mar y se fueron al fondo. "Vive lumière de nos étés trop courts", chispas de vida y de coraje, brillaron un instante sobre las fauces de la muerte bajo el cielo inclemente del Mediterráneo. Se echaron al mar y se fueron al fondo. Hay hermanos errantes buscando al hermano. Hay amigos que lloran buscando al amigo. Se echaron juntos al mar y vuelven solos por tierra y desolados. Hay madres con la desesperanza en "stand by" esperando al hijo que nunca volverá.
Cien vidas cortadas en flor. Tendríamos que dar con el manantial del lenguaje y apresar allí palabras novísimas capaces de abrazar la inconmensurable dimensión de la tragedia, capaces de decir la hondura del dolor. Y solo tenemos palabras antiguas, las palabras de siempre -respeto, fraternidad- para levantar un dique de arena frente al océano de la indiferencia y el olvido.
El Presidente, como no podía ser de otra manera, está muy afectado y tuvo que hacer de tripas corazón para dejarnos un mensaje en X, en el umbral de su merecido descanso en la Mareta, recomendando tres canciones ligeras para refrescar el tórrido verano. Ahí se nota que tiene asesores graduados en Oxford. A ver, si no. Se aprende una burrada siguiendo al Presidente en X. Servidor, sin ir más lejos, no había escuchado esas canciones ni oído hablar de esos cantores.
Es más, a punto estaba, anticuado que uno es, de buscar consuelo en el "Concierto de Aranjuez" donde Joaquín Rodrigo entrega, convertido en oro, su duelo por el hijo muerto. "Se canta lo que se pierde".
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