El lado brillante de la vida
Pues resulta que hoy he llamado para pedir cita al médico de cabecera por un problema de salud que no tenía nada que ver con la larga resaca del Carmín de La Pola. No contaba con el hecho de que me atendiera una asistente virtual a la que solo le faltó ponerme a prueba con adivinanzas de esfinge tebana y hacerme el test Voight-Kampff para comprobar si yo era humano o replicante. Después de una mañana de tiras y aflojas, conseguí arrancar del contestador inteligente, y un poco socarrón, la consulta para dentro de ocho días, que entonces, pienso yo, ya me volveré a encontrar como una rosa o, en el peor de los casos, estaré recibiendo la extremaunción. He desechado la idea de acudir a urgencias porque un conocido me ha puesto sobre aviso de que, si no te presentas algo así como muriéndote, te acusan de colapsar el servicio y te reciben como lo harían los defensas centrales de la selección argentina de fútbol. Y es que el señor Barbón y sus expertos, dándole un nuevo sentido al "vuelva usted mañana" y potenciando terapias revolucionarias como la del tiempo, que todo lo cura, ha logrado transformar la sanidad pública asturiana, de modo que ya no la reconoce ni la madre que la parió y es un intríngulis y un laberinto donde penan, mayormente, las personas de una cierta edad y los que andan a la gresca con tanta innovación tecnológica. Total, que cada día cuesta lo suyo ponerse malo como cuesta llenar la cesta de la compra, ir a la oficina de correos, sellar el paro y pleitear con los del SEPE, coger un tren sin sentir un respingo, hacer un trámite en la Seguridad Social, en fin, lo que viene a ser un ejercicio de supervivencia en este mar de calvarios y burocracias. Uno, en su fuero interno, siente envidia de los gerifaltes que ocupan una planta entera del hospital para tratarse los juanetes, de aquel que puede pagarse un especialista de los de toda la vida, de ese compañero de pupitre que tenía hechuras de pazguato y ahora es director general en el Principado y lo reciben con la alfombra roja en los ambulatorios, de los que se aprovechan del cargo para irse de vacaciones al Cono Sur y de aquellos que llegan al final de mes con holgura, con el estómago lleno y más lozanos que la Vellida. Pero la envidia... ¡ay, la envidia!. La envidia es, como escribió Cervantes, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes, de manera que no quiero presentarme ante el matasanos con los dientes largos y más dolencias de las que tengo, así que he pasado a creer que vivimos como suizos, diciendo "amén" a eso que apuntó Barbón sobre lo de quitarse las gafas del pesimismo y cantando con ganas la canción que dice que mire siempre el lado brillante de la vida.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

