La odisea
Desde luego, Homero acertó de pleno con el título. La vida es un viaje complejo, lleno de avatares y vueltas del destino. Creo que cada uno vive la suya propia como una suerte de Odiseo, enfrentándose a todo tipo de situaciones hasta consumar el regreso a su Ítaca particular, ahora denominada «zona de confort». Esto último puede constituir un arma de doble filo en cuanto al tiempo que nos pasemos intramuros, alejados de una realidad que, si bien espantosa en ocasiones, sirve para curtirse en esta travesía. Aquí los cantos de sirena versan sobre falsas promesas salariales y condiciones laborales excelentes, como aseguran los dioses del mundo empresarial. Llegar a fin de mes es más complicado que escapar de la cueva de Polifemo y, para acceder a una vivienda, sale más rentable alquilar el caballo de Troya, aunque uno esté un poco apretado. Quizá, algunos, estén en posesión de habilidades tan formidables, que se sienten lo bastante seguros como para no prestar atención a estas cuestiones, calificándolas de triviales. "Eso son zarandajas, Fulano. ¿De qué te quejas?". Lo mismo son las deidades, vaya usted a saber cuáles, hablándonos desde el Olimpo. Lo que está claro es que no nos asistirán ni Zeus, ni Poseidón, ni Atenea, ni la madre que los parió.
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