Descenso del Sella: 20 kilómetros remando y dos días sin acordarte de nada
Nos vuelven a vender el Descenso del Sella como el orgullo de Asturias y el colmo del deporte, pero seamos claros: para la mayoría, esto ya no es una fiesta, es un desparrame.
Te subes a la canoa todo motivado y a los dos kilómetros ya tienes los brazos destrozados. Te quedan otros 18 esquivando domingueros y tragando agua. Lo peor no son las agujetas, es la amnesia colectiva.
Entre el viernes y el sábado la gente se mete tal paliza de fiesta que nadie sabe quién ganó, ni dónde aparcó el coche, ni cómo se llama.
Da pena ver el río.
Olvídate de los salmones; lo único que flota son vasos de plástico, latas de cerveza y flotadores pinchados. Hemos convertido un paraíso natural en un macrobotellón con canoas
El Sella mola, pero se nos ha ido de las manos.
Menos golpes en el pecho con la tradición y más respeto por el río, que da vergüenza ajena.
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