La vida sigue tras el eclipse
La espantada del ministro Marlaska al llamamiento de comparecencia en el Senado me duele en gran medida. Principalmente, porque una autoridad está obligada a participar en el entramado institucional que nos hemos dado, so pena de que España empiece a parecer un Estado bananero. Dado no obstante que nuestros representantes públicos trabajan cada día en que España empiece a parecerse a un Estado bananero -no hay más que seguir las comparecencias en el Congreso para apreciarlo-, me aproximo a entender la actitud elusiva del ministro. Considero que el Puñetero Populismo del PP ha hecho del Senado un cortijo a su medida; una Cámara de sectarismo propagandístico del partido, que somete a escrúpulo político algunos de los procesos judiciales en curso, pre sentenciándolos de este modo popularmente. Ni que decir tiene que solo los que afectan al PSOE. No esperen un llamamiento de comparecencia a la máxima representación de la Comunidad Autónoma de Madrid, y de este modo tratar de dar cuenta en relación con los también procesos judiciales que la afectan -los que esquiva y los de su novio, el presunto chorizo-. El Senado, vergonzosamente, se ha transformado en la Cámara de arrope y aceleración de las idioteces que denuncian ciertas asociaciones, así como en la agencia propagandística y de divulgación de toda la porquería que afectan al PSOE, que no es baladí. Miren por dónde que, cuando menos por una que vez que aplaudo una llamada a declaraciones del Senado, el intervenido se escaquea. Y es que me gustaría conocer por qué razón tanto empeño en apuntalar la supuesta buena relación bilateral con Marruecos, cuando se ha demostrado que no es tal, habiendo propiciado la grave crisis de Ceuta en la que estamos sumidos. ¿Creen de verdad que Marruecos va a colaborar en la repatriación de los menores que se encuentran allí? ¿A qué viene tanto empeño, en lugar de plantar cara al Reino además de rendirle respeto y cooperación? Miren fijamente a la cámara de televisión y obsérvenles, que lo acaecido es la última vez. Que la próxima iniciativa al respecto conllevará una respuesta proporcional y adecuada a la incidencia. Pues nada. Para una vez que la comparecencia merece, se nos deja con la boca abierta y compungidos. La vida sigue después del eclipse.
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