¿Hasta cuándo?
Semana grande en nuestro Gijón del alma, que cantan Víctor y los gijoneses, gijonesas y visitantes de ayer, hoy y siempre adoptamos.
Éxito de ocupación, calles a rebosar, los aviones, los toros, el paseo gastro, zona céntrica , paseo del muro y casco viejo que parte de la ciudadanía habitual, como es el caso, procura evitar, los precios de pernocta por las nubes, las mismas nubes que impidieron visualizar el eclipse. Espero que se logre para el próximo, las gafas actuales, a precio de casi tres euros la unidad, serán nocivas para la visualización, esperemos sea un negocio local el generador de la previsible y asegurada plusvalía.
A cuatro mil euros noche se escucha es el tope de precio abonado; quien abona semejante cantidad espero no haya padecido mi situación en la tarde del domingo ni utilice el transporte público o subvencionado a modo CTA, como es el caso.
Acudo a Avilés a un evento (grande El Brujo, gracias por tanto talento e ingenio ). Parto desde la estación de Alsa de nuestro dicen exitoso y atiborrado Gijón, ejemplar para el turismo, supongo que dejando al margen los horribles y decadentes accesos a la ciudad, con premio a la dejadez del entorno del Solarón. No he tenido la oportunidad de visitar alguno de los países denominados subdesarrollados para corroborar el paralelismo en las estaciones de estos países con la de nuestra atiborrada y exitosa ciudad: tránsito estresante de vehículos, flujo de aire contaminado, ausencia de espacio de descanso o espera (¿Qué pasa con nuestras personas mayores?), barreras arquitectónicas, volumen y ruido, si no denunciable, realmente insoportable... lo cual padecemos la gran mayoría de la población, no quien abona cuatro mil euros pernocta.
Me desplazo al Niemeyer, con cierta vergüenza como ciudadano gijonés y la indignación de que los previos, actuales y sucesivos gobiernos locales, de cualquier índole y orientación ideológica, priorizan la autocomplacencia al bienestar comunitario y ciudadano.
No pretendo demonizar el turismo como activo y motor económico, planteo mejorar la cuestionable calidad de servicios e imagen de nuestra ciudad: ¿qué imagen se lleva quien se desplace desde la estación?... La autocomplacencia es el paso previo a la decadencia.
Si el fin justifica los medios, propongo enviar un montaje fotográfico a modo inauguración de la futura estación, para nuestros gobernantes parece no haber mayor motivación ni incentivo.
Siempre queda la esperanza de cambio, pero: ¿hasta cuándo?
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