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Evolucionar bien o morir en el agridulce recuerdo

17 de Agosto del 2026 - José Luis López Tamargo (Oviedo)

España es Bustamante, Chenoa, Colmenas, rumba Flamenca, Galicia de buen marisco, crónicas marcianas de Javier Sardá, la transición y su mitología que aupó al poder a unas nuevas clases políticas cínicas y enrolladas democráticas, de chalet adosado, algunos tráficos de influencias, desparpajo en el colegueo progre, prevalencia de un mundo de noticias virtuales, nuevos ricos, engañabobos ya Erasmus, irregularidades en un mundo de farsa, Ceos, encriptaciones, irrupción de todas las multinacionales europeas para comprarlo todo a precio de saldo, montar chinos y aparente abundancia en las calles bien pavimentadas y rutilantes de gente de gym, cuyos abuelos habían sido mineros o yunteros, viviendo ahora en

urbanizaciones. España hoy es como muy Pilates, muy "saber vivir", algo todavía cordial.

Un mundo, el nuestro, de revista de corazón de peluquería, de glamurosas damas de alta cama y múltiples roles de periodista, tenista con faldita corta, marujas que "matarían por sus hijos", "Reinas del pueblo" de plató de piernas carnosas bronceadas, coaching snob, intelectuales pelmas expertos en romanística e hispánicas, dedicados a hacer programas televisivos a lo Sánchez Dragó, en un mundo aún de Calendario Zaragozano, condominio

urbanístico, sanchismo europeísta de chico con aspecto buenecito pro buen rollo tolerante, donde, de vez en cuando, parece que vuelve el neofranquismo y que ni siquiera seamos

europeos ilustrados de mentalidad, porque ahora nadie se corta en volver a declararse español de toda la vida, en contra del modelo venezolano y a favor de un extremista neoliberalismo de pulserita roja y gualda, en un mundo de lista de espera y deterioro público, donde hace tiempo el gran milagro español, que también fue el ascensor social educativo y formativo, el Estado de bienestar, prestaciones y pensiones no contributivas, de actividad asociativa, libertades en igualdad y colosales ilusiones generacionales en pro de una democracia panacea, parece borrado, en vertiginosa caída. Hoy España es mantero senegalés, mucho Netflix, ética indolora, viejecitos que mueren tirados en un séptimo, centros de mayores con auxiliares de clínica explotadas. Una sociedad anestesiada por el consumo, los prototipos de última generación de mejora en tecnologías y sus prestaciones, obsesionada por la salud y los viajes. España empezó a contar, cuando muchos corresponsales de los grandes rotativos y agencias De noticias mundiales, se personaron aquí. España era murallas, torreznos, palmeras de Elche, Un norte de hierro, mina y montes, sidra. Un mundo de San Andrés de Teixido, las Caras de Bélmez, santones curanderos de estampitas y Palmar de Troya, de gente algo cejijunta y muy cerrada en lo religioso, en las creencias de pueblo temeroso, pero también familista, muy cariñoso, exaltado en palabrotas y blasfemias, urgentes confesiones dominicales; que cuando estrenaba ropa nueva, salía a pasear el paseo dominical, con toda la familia, para tomarse el vermú a la salida de misa de 12. Un mundo de silencio y tabús políticos muy condenados, execrables rojos y masones, diplomáticos franquistas falangistas que parecían virreyes, maestrillos masones, gente que solo tenía un traje para los domingos. Dependientes vivaces, mecánicos, boticarios, curas que escribían algún poema de amor sublimado y no daban abasto impartiendo "cursillos matrimoniales" y doctrina político social de la iglesia Vaticano II, gente que, si venía de la era, se quitaba la boina y saludaba, ingenuo, con una boca muy poca cuidada. Aquello era ricino y adulación servil, el decorado del pueblo español de Barcelona, Radio Pirenaica. Un mundo de gente con look "Santos inocentes", Antonio Molina cantando "Soy minero", los intelectuales más de pose habían estudiado hasta tercero de derecho y ya se consideraban eminencias por estar un poco al tanto de lo que ponía la revista "Life". Una España de corrala y silo con una estampación en la pared encalada de símbolo del Víctor y la efigie paternal regordeta del caudillo. Un mundo donde un pariente de hatillo, se te llevaba por recomendación, haciéndote el favor de tu vida, a Barcelona, Gijón, Málaga, Vigo, Bilbao, Baraka Ido, Portugalete, Valencia o Los Madriles de Tony Leblanc, José Luis López Vázquez, Paco Martínez Soria y Gracita Morales. De vez en cuando, llegaba una postal de Colonia o Múnich donde la tía Antonia trabajaba en una fábrica de envasado, y su marido, en la construcción. Un mundo donde los niños de aceite de bacalao empezaban casi todos a merendar "Nocilla" o una onza de chocolate en un bocadillo, espolvoreado de azúcar, para que te cundiera más, el Colacao había sacado aquel estribillo comercial de "Yo soy el negrito del África Tropical" y triunfaban los Chipiritifláuticos. Matías Prats y sus gafas ahumadas lo eran todo, así como

Carmen Sevilla, Lola Flores, "las suecas", en realidad francesas o alemanas en bikini, perseguidas por el landismo, intelectuales que ya sabían algo de mecanografía y algunas

palabras en francés o inglés. Todos los guateques y chanchullos urbanísticos de la Costa Brava y Costa del Sol, Franco pescaba en un río asturiano de alta montaña y se sacaba la foto

de campeón de pesca, junto a un guarda forestal enchufado, servicial veterano laureado.

Aquél era un mundo de camareros pueblerinos, que acababan desarrollando tanta clase,

garbo elegante, maneras y estilo de lord como los señoritos de toda la vida, a los que

servían, diligentes y pulcrísimos, atentos y realmente con una educación y dicción exquisitas.

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