La importancia histórica de España
España es una realidad estupenda en sí misma, que siempre se ha debatido entre visiones universales quijotescas, sobrecogedoras, titánicas y muy corajudamente tendentes a lo grandioso de bravata, y realidades un tanto desmañadas, con telarañas, pasionales luchas y cutreces endémicas de todo tipo, con flecos de gran esplendor y ascenso tan fulgurante como caída, que también asombró al mundo, lo mismo que las áureas aventuras del Imperio, Pizarro, Cortés, Sanz Briz, Alonso de Ojeda, los primeros embajadores ante Tamerlán, el converso Ali Bey, Averroes, Maimónides, las dinastías suevas y visigóticas, arrianas, después con san Leovigildo, católicamente fundadoras de la nacionalidad española en cierta unidad, Cíbola, la búsqueda de la Castalia renacentista o fuente de la eterna juventud en las Indias, los trabajos al respecto de Pedro de Insúa, Gustavo Bueno, el redescubrimiento historicista de las siete ciudades de oro, El Dorado, las aventuras de Cabeza de Vaca, Núñez de Balboa en el océano Pacífico o Mar Español; la postulación truncada de Jovellanos para convertirle en embajador del Reino de España en la Rusia inmediata a Pedro el Grande, la creación de la Sociedad Geográfica Española, el reformismo borbónico academicista e ilustrado, el mundo de supersticiones y creencias populares, tolerancia de credos, perseguido y combatido por la Inquisición, los Diarios de Azaña, el legado de Lorca, Machado, el laboratorio de Severo Ochoa, Miguel Servet, Juan Negrín, Monturiol, la escuela histológica de Santiago Ramón y Cajal, el retorno de una monarquía democrática, engalanada en éxitos de imagen, comprometida con su gente, multifacética, mecenazgo de culturas y tendencias, asociaciones y prestigiosos actos, heredera de Carlos I de España y V de Alemania, de un europeísmo de Yuste crucial, de un europeísmo de los Austrias, el neoclasicismo francés, la meritocracia novatora, lo ilustrado empelucado en un mundo envalentonado de taurinos en romerías, petimetres con quevedos. En lo español confluyen diversas aptitudes, mentalidades e incluso visiones de lo considerado castizamente español. España no es entendible sin lo hispano vía Miami, lo latino, sobre todo relacionado con la gente que se considera directamente medio española culturalmente, a pesar de estar a más de 7000 kilómetros de Madrid, aunque se conserve siempre el recuerdo de la aldea canaria, gallega o asturiana de la que salieron los abuelitos. Hay un intento, tan quijotesco como interesante desde el punto de vista rentable, por crear una comunidad hispánica unificada, dentro de la muy grande variedad y diversidad. Afinidades hay sentidas, incluso simpatías cercanas crecientes, mucho más interconocimiento con el avance de los vuelos en avión, internet, modos de telefonía inmediata, la vitalísima y crucial inmigración hispana o latina de habla española, que supone ya un 15 % de la población global de España en el año 2026. España es un país muy europeo desde siempre; las huellas del mundo clásico mediterráneo y occidental son milenarias ya: Grecia, Roma, las huellas de la civilización latina europea romanística, sobre un fondo de pueblos íberos y muy celtizados europeos mezclados con culturas cantábricas y turdetanas tartésicas. España es un país con fondos sabios de culturas ancestrales mediterráneas y también que miran y sienten en sus ritmos y mentalidades contemporáneas lo occidental europeísta, tanto como lo hispano. España es un legado de acueductos, edificios neoclásicos, palacetes de estilo montañés, arte castreño, prerrománico asturiano, gótico francés en León y Burgos, mudéjar, arte ibérico, isabelino flamígero, estilos churriguerescos, gran barroco español, ciudades de las Artes y las Ciencias, rascacielos funcionales de los años 70, estilo herreriano escurialense, muchísimos artistas deconstructivistas, de happenings, lo picassiano, velazqueño, sorolliano, de Valdés Leal, Piñole, de Murillo y Fortuny, Goya como gozne expresionista prerromántico de la lucidez pesimista, testigo de su tiempo, genio surrealista, patriota e ilustrado, acerbo crítico. España es Saura, Juanma Bajo Ulloa, Heredia, Víctor Erice, Medem; el mejor cine español está en Berlanga, Bardem, Esteso y Pajares, Mariano Ozores, películas como «El pisito», «El verdugo», «La ley del deseo», todo lo de «Torrente», de Santiago Segura, la gran película «La lengua de las mariposas», Almodóvar y «La gran familia», de Alberto Closas. Fernando Rey, Victoria Abril, María Casares, Tamara Rojo, Antonio Banderas, Penélope Cruz, Maribel Verdú, Aitana Sánchez-Gijón y Judit Mascó fueron y son estrellas que marcaron época y se convirtieron en iconos de cambios generacionales. España puede ser interminables bloques de apartamentos y hoteles volcados al turismo, hoteles rurales, discotecas para jóvenes europeos díscolos y muy desenfadados, sangría y sombrero mexicano, sol, carne, borrachera; también es su arte, delicadeza, universitarios, virtuosismos, militares profesionales en Bosnia, países bálticos, Centroamérica, sindicalismo, la finura, el refinamiento de la caballerosidad de la nobleza española reflejada por El Greco, Goya, Madrazo, Schommer; también es la épica de un pueblo de tipismos, que se convierte en desgarro guerracivilista o postal referencial de los movimientos románticos en toda Europa, la España del levantamiento del 2 de mayo, las arengas de la Pasionaria, la Reconquista, el general Castaños, el general Riego, los hechos de Lepanto, Guam, el mundo de Flandes y el Toisón, de las Dos Sicilias y Nápoles, donde nuestro Carlos III Borbón inicia las investigaciones arqueológicas en Pompeya y Herculano, España de Barça, Sevilla, Oviedo y el mundo dinástico asturiano de sus 13 reyes, caudillos locales visigotizados. Reyes como Alfonso II el Casto y Alfonso III el Magno fueron realmente ya cultos, expansionistas y dotados de un sentido de Estado. Reyes medievales como Alfonso X el Sabio, con sangre sueva, son exponentes de sentido cultural tolerante, auspicio de la erudición, la cultura muy cristiana occidental, hebraicojudía e islamoárabe, «la Storia General de Spania», «El libro de los espéculos», libros sobre ajedrez, Las Partidas o las gallegas Cantigas a Nuestra Señora. España es monárquica de Modesto Lafuente, profundamente casual demoliberal, azañista, conservadora algo remilgada, urbanita snob, completamente seguidora de los estilos grunge, hipster, de grupos proféticos neocatecumenales y del Opus Dei, de un PSOE arcoíris social y que cree en un patriotismo de la gente, de mejora y oportunidades abiertas pro futuro, jóvenes estilo Seattle, París, Londres, Roma y Berlín, una amalgama de pueblos regionales, ya transmutados en ciudadanos equilibrados, sensatos, estabilizados por el consumismo fetiche, adoctrinados por las películas de Paco Martínez Soria desde hace 60 años, una democracia próspera, de Institución Libre de Enseñanza, krausismo antañón socialcristiano, socialista, europeísta, profundamente occidental, profesoral, democrático claramente y progresista, que valora exilios, galeones y ejércitos de pendones morados y letras cúficas, presidios y rejas, a Agustina de Aragón, María Moliner, Margarita Salas, a nuestra Corona y rojerío ciudadano, a Vázquez Montalbán, a Gurruchaga, a Jiménez del Oso, a Rosalía, Chanel, a Sánchez Dragó, Bosé, la cultura de Moyano y lofts, mesocracia y tentempié en claustros del siglo XIV, las nuevas olas de Fernandisco, Los 40 Principales, mundo Zara, spa y las licencias tan democráticas de un país de sidra y finito, que está bien, por estabilidad, simpatía, desahogo alimenticio, nuevas clases emprendedoras rurales, Estado social de derechos garantistas, de un país-nación, país de países, ciudadanía libre universal, rica en todo, con buenas, justas perspectivas sociales, con buenos gestores y con una concepción europea, europeísta y plural hispana universal, con sus tramas de vista gorda, bandas, charangas, seriedad legal, buen pasar, humor majo salido de un mundo de ganchillo, baturros, convites, bodas, comuniones.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

