San Roque
Arrímate, niña, que soy San Roque, por si viene la peste que no te toque.
San Roque, y yo con este romadizo que espero no derive en pulmonía, los calores del ferragosto, el aire acondicionado, el cambio climático y demás, pero estoy al alimón de coplillas en este tiempo porque en mi juventud era un bailarín de jotas y ¡cuántas veces otorgué bailes al santo! No se pueden ni contar.
Arrímate, niña, que soy San Roque, para que si viene la peste que no te toque. Era el patrón que curaba el mal francés y las llagas de la sífilis.
Con su sombrero, su esclavina, su perro, sus postemas y su calabaza de peregrino y su bordón nos inspiraban gran devoción.
El glorioso San Roque limpie ahora España de sus males, los directos e indirectos. Yo ya no tengo cuerpo de jota, pero sigo a mi manera bailando al santo. Y con esto formulo una petición porque lo de arrimar material quedó obsoleto por falta de quórum. Por la edad. Por la vejez, resignación.
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