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Sobre la solidaridad y el vivir con corazón

17 de Agosto del 2026 - José Luis López Tamargo (Oviedo)

La solidaridad grata es una realidad que viene dada por el alma conmovida que, frente a una situación severa de desgracia, calamidad humana, accidente, situación de miseria, enfermedad aliviable o paliable, carencias en vestido, instrucción educativa, hambre o prisión, decide prestar socorro, alivio, compañía y verdadera intención, concretada en servir al otro, al semejante, al hermano, al próximo, al prójimo, para que esté mejor, para salvar su vida, para vivir bastante mejor que soportando una situación meramente de penuria, ignorancia, prisión, opresión o miedo constante.

Frente a luchas de clases odiosas, intestinas, azuzadas, manifestadas de manera muy ideológica, extrema o clasista, prepotente y extremadamente egoísta, hay que promover el entendimiento, la alianza, la mezcla de grupos sociales, regionales, nacionales, raciales, humanistas e internacionales, globales.

La solidaridad es un término de Derecho mercantil, cuando se habla de "solidaridad de acreedores" frente a terceros, "solidaridad mancomunada" o "sociedad pasiva solidaria".. La solidaridad llevó a la formación de la Cruz Roja, de la Unidad Militar de Emergencias para catástrofes y accidentes gravísimos a resultas de un terremoto, un maremoto, tsunamis, fenómenos sísmicos, meteorológicos y volcánicos e inundaciones. La UME, junto a todos los dispositivos y recursos desplegados de Protección Civil, es lo mejor en cuanto a estrategia operacional para sacar de escombros y lodo a accidentados, salvar, acoger y amparar a personas, proporcionándoles abrigo, alimento, alojamiento, desalojo, traslados, refugio y techo.

La solidaridad obrera existe a través de los sindicatos laborales y su acción frente a accidentes profesionales y laborales, y en la mejora de todas las condiciones laborales; la solidaridad regional; la solidaridad estatal de los pueblos de España, de la nación española como grupo humano con vocación de unirse y ayudarse.

La solidaridad tiene motivaciones profundamente espirituales, tanto religiosas sinceras como militantes laicas de bien común, políticas, ideológicas y casi siempre humanitarias. La solidaridad existe entre compañeros de colegio, universidad, en fraternidades universitarias o de veteranos, en comunidades vecinales, en clubes de todo tipo.

La solidaridad no tiene por qué ser un concepto de politiqueo trillado, vacío, abusado y despojado de toda verdad; debe ser, ante todo, y constituir una realidad de limpia cordialidad, atención, misericordia, humanidad espléndida que cura, limpia las llagas, pone vendajes, ayuda de modo altruista, si se puede, y mejora la vida de los demás, de manera que la motivación fundamental sea librarnos del dolor causado por el sufrimiento ajeno insoportable en cuanto a privaciones severas, torturas, hambrunas, falta de desenvolvimiento de una vida que precisa ayudas para personas con discapacidad, hambre, cárcel, accidente laboral, accidente doméstico o de tráfico, prevención de riesgos laborales, accidente en carretera o enfermedad crónica.

En este sentido, los sistemas de seguridad pública universal y el Estado social de derecho, las políticas públicas de medicina pública y los derechos económicos, sociales y culturales, el civismo, la urbanidad, las buenas costumbres, la solidaridad activa, las ONG, cuando realmente son formas de mejora y compasión activa, el Banco de Alimentos, las ayudas al tercer mundo en cuanto a cooperación internacional, hospitales públicos, leproserías, centros de rehabilitación de toxicómanos, los mundos de un socialismo democrático parlamentario a pie de calle o de una democracia cristiana, los filántropos y los grupos religiosos verdaderamente compasivos de modo demostrable han supuesto aumentos increíbles en solidaridad y ayudas económicas en forma de pensiones públicas de solidaridad intergeneracional, así como una cultura de la protección social frente a accidentes de trabajo, enfermedades profesionales y desigualdades enormes que impiden el buen y correcto funcionamiento de una sociedad de economía social amplia de mercado, con igualdad de oportunidades y un verdadero clima de paz social, bienestar y prosperidad que alcance de manera benefactora a todos los sectores sociales.

Todo ello, para impedir muertes absurdas paliables, sufrimientos e injusticias remediables, en pos de un sentido de empático humanitarismo que nos ensancha el alma y el corazón frente a las mezquindades más egoístas, la crueldad, las opresiones de la enfermedad y lo irracional, el egoísmo, la falta de concordia cooperativa de todos los grupos sociales y la miseria moral.

El prepotente cinismo de los privilegiados, el brutal resentimiento y el odio de los marginados, la real falta de oportunidades y de posibilidades, que producen guerras y sufrimientos inútiles. En nuestras sociedades hay siempre posibilidad fehaciente de una deshumanización indiferente muy grave, cinismo carente de todo afecto humano, egoísmo insolidario cruel.

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