Desde Bayreuth
Como cada verano, desde 1876 y de forma casi continuada, en la ciudad de Bayreuth, en el norte de Baviera, se celebra el afamado festival operístico wagneriano, que reúne no solo a aficionados a la obra de Wagner, sino también a la flor y nata de la sociedad occidental durante unas semanas en la verde colina, en la Bayreuther Festspielhaus.
Como aficionado wagneriano y veterano asistente al festival, ya que es la tercera vez, y aprovechando que este año se celebra el 150º aniversario, he decidido trasladar mis impresiones y experiencia que, espero, sean de utilidad para alguien. Por otro lado, hay que mencionar que el director de orquesta español Pablo Heras-Casado regresa este año con Parsifal (se está convirtiendo en una nueva estrella wagneriana y parece estar despertando el interés en España, ya que el Teatro Real se abarrotó cuando dirigió Los Maestros Cantores y, en septiembre, realizará, con la orquesta del festival, una excepcional gira por diversas ciudades españolas); la presencia española ha sido escasa pero muy significativa: Victoria de los Ángeles, Plácido Domingo y el tenor avilesino Jorge Rodríguez-Norton.
Esta primera carta va a estar enfocada en El Anillo, es decir, la tetralogía: El Oro del Rin, la Walkiria, Sigfrido y El Ocaso de los Dioses, que se representan como un todo. Este año se ha presentado una nueva producción coincidiendo con el aniversario y que va "del mito al código". Desde el festival, muy centrado en la realidad social, política y económica, se ha planteado este Anillo como una especie de evolución y recapitulación de las producciones anteriores, para lo que se ha utilizado la tan traída y llevada, y ya omnipresente, inteligencia artificial.
Trasladado este concepto a la escena, se convierte en un escenario vacío con una gran pantalla transparente en la que se proyectan imágenes alegóricas de la trama de la ópera, utilizando las escenografías de producciones anteriores, algunas claramente reconocibles, pero otro no. Como las imágenes van cambiando y evolucionando constantemente, llega un momento en que resulta cansino y aburrido; además, como los cantantes van vestidos con unos trajes algo indescriptibles, no se mueven mucho y están detrás de la pantalla y hay veces en las que no se les llega a ver claramente, termina uno centrándose sólo en la música y el canto. Esta es la virtud que tiene esta producción: no te distrae del drama con coches, tanques o cosas estrafalarias. Sí, en la producción de Frank Castorf a Freia la raptaban, vestida con traje de látex rojo, en una gasolinera americana de los años 50; a Sigfried le asesinaban a garrotazos junto a un kebab en el Bronx; a Fafner le mataban con un kaláshnikov a los pies de una versión marxista del monte Rushmore; por no hablar de las relaciones sexuales entre Wotan y Erda en Alexanderplatz. La última producción no se queda corta, ya que se podía ver cómo Sigfrido niño, en la cueva de Mime, se dedicaba a decapitar muñecos; o cómo el Oro, transmutado en un niño, era llevado, o "comprado", por dos arquitectos (Fafner y Fasolt), que sacaban a Freia del maletero de un coche; o la roca de las walkirias convertida en una clínica estética.
Realmente, en este afán de escandalizar a cualquier precio, de remover lo tradicional, de ser innovador y vanguardista, me parece que los directores de escena sólo consiguen que todo sea ridículo y repulsivo; al empeñarse en que cualquier cosa puede ser arte, consiguen que esa palabra quede completamente vacía. Lo realmente revolucionario será una representación con telones pintados y motivos tradicionales.
Desde el punto de vista vocal, realmente ha sido excepcional: todo el elenco ha estado, en general, a un nivel superior. Cabe destacar la proeza de Klaus Florian Vogt que ha interpretado a Loge, a Siegmund y a Sigfried; una mención para el excepcional bajo Mika Kares, que interpretó a Fasolt, Hunding y Hagen.
La dirección de Christian Thielemann, como siempre, perfecta.
En la próxima carta les hablaré de Rienzi, que ha despertado muchísimo interés al representarse, según tengo entendido, por primera vez en Bayreuth, ya que no está incluida en lo que se denomina el "Canon Wagneriano".
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

