¿Hasta cuándo?
Semana y verano grande en nuestro Gijón del alma, que canta Víctor y los gijoneses, gijonesas y visitantes de ayer, hoy y siempre adoptamos.
Éxito nos dicen: máxima ocupación, calles repletas, aviones, toros, paseo gastro, zona céntrica, conciertos, la Feria, paseo del Muro y casco viejo a rebosar que parte de la ciudadanía habitual, como es el caso, procura evitar, precios de pernocta por las nubes, las mismas nubes que impidieron visualizar el eclipse. Espero que se logre para el próximo, las gafas actuales, a precio de casi tres euros unidad, serán nocivas para la visualización, esperemos sea un negocio local el generador de la previsible y asegurada plusvalía. No faltó ni el habitual petardazo inicial de nuestro Sporting.
A cuatro mil euros noche, se escucha, es el tope de precio abonado; quien abona semejante cantidad dudo haya padecido mi situación pues supongo no utilice transporte público o subvencionado a modo CTA, como es el caso.
Me desplazo el pasado domingo 9 de agosto a Avilés (grande El Brujo, gracias por tanto talento e ingenio). Parto desde la estación de Alsa de nuestro, dicen, exitoso y atiborrado Gijón, ejemplar para el turismo, supongo que dejando al margen los horribles y decadentes accesos a la ciudad, con premio a la dejadez del entorno del Solarón.
No he tenido la oportunidad de visitar alguno de los países denominados subdesarrollados para corroborar el paralelismo en las estaciones de estos países con la de nuestro atiborrado y exitoso Gijón: tránsito estresante de vehículos, flujo de aire contaminado, ausencia de espacio de descanso o espera (¿qué pasa con nuestras personas mayores?),barreras arquitectónicas, volumen y ruido si no denunciable, realmente insoportable... lo cual padecemos la gran mayoría de la población, no quien abona cuatro mil euros pernocta.
Me desplazo al Niemeyer, con cierta vergüenza como ciudadano gijonés y la indignación de que los previos, actuales y sucesivos gobiernos locales, de cualquier índole y orientación ideológica, priorizan la autocomplacencia al bienestar comunitario y ciudadano.
No pretendo demonizar el turismo como activo y motor económico, planteo mejorar la cuestionable calidad de servicios e imagen de nuestra ciudad: ¿Qué imagen se lleva quien se desplace desde la estación? La autocomplacencia es el paso previo a la decadencia.
Si el fin justifica los medios, propongo montaje fotográfico a modo inauguración de la futura estación con nuestros gobernantes esbozando la mejor de sus sonrisas, parece no haber mayor motivación e incentivo para activar y tomarse en serio las necesidades estructurales que nuestra ciudad demanda urgentemente.
Siempre queda la esperanza de cambio, pero: ¿hasta cuándo?
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