Un buen tipo
A lo largo de estos años de gobernanza del PSOE, los panegiristas y encomiadores del señor Sánchez nos lo han presentado como el puto amo, lo han vestido con el pijama de Superman y con los harapos de Gandhi, han visto en su cara -con más ángulos que la fachada de la Universidad de Salamanca- los signos de una eximia guapura y no se han guardado ni uno solo de los elogios que atesora la lengua española cuando de abordar su figura se trataba. Han intentado vendernos sus virtudes en mítines, en las manis de los desahogaos, en las verbenas de los "Goya", en el programa de Broncano y el de Cintora, en las camisetas de Paco Álvarez, en el fragoroso aplauso de Marisú, en los bailoteos de Iceta o en las ponderaciones de Ana Redondo. Por redes sociales, a través de las ondas hertzianas, sobre afiches y pasquines. Pero sucede que España aún no es una república bananera, que yo sepa, y este caudillismo civil que tratan de imponernos, este populismo de pandereta que tiende a carismatizar al líder y a blindarle con flores y lisonjas, pues no tiene mucho recorrido y está condenado al fracaso.
A día de hoy, después de una pésima gestión y de que muchos se hayan caído del guindo o de la higuera donde estaban soñando con la cucaña, ya no abundan los piropos. Los pocos que alzan la voz con intención de ensalzar a Sánchez, lo hacen para decir que es buena persona. Así, a secas. Salvador Illa lo ha jurado y perjurado recientemente en los micrófonos de la SER. Una buena persona un tanto peculiar, que miente más que ladra, que disfruta sembrando cizaña, que anda explorando el fondo del océano mientras Ceuta pinta un infierno del Bosco, que anima a sus secuaces a atacar a la Corona, que ha excarcelado a decenas de etarras, que custodia con gran celo la cueva de los cuarenta ladrones y que llamó hipócrita a Lambán, pájara a Margarita Robles y petardo a Vara. En fin, que los méritos de Sánchez en su intento de ganarse el cielo darían para llenar varios rollos de papel higiénico, con la minuciosidad con que Matilde Verdú plasmó su crónica en "La cruz de San Andrés". Y ahora nos lo tratan de malbaratar como un buen tipo. ¡Menuda ganga!
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