No todo es orégano en Ucrania
En febrero del 2024 fue sustituido de su cargo como comandante en jefe de las fuerzas armadas ucranianas Valeri Zaluzhnyi, pese los éxitos militares iniciales y su liderazgo tras la invasión rusa de febrero de 2022. Parece ser que fue su enorme cuota de aprobación pública lo que propició su relevo. Además, quien fuese ministro de Defensa hasta julio, Mykhailo Fedorov, planta ahora cara en la demanda de celebración de elecciones, aun cuando la Constitución ucraniana alberga la posibilidad de su demora en tanto esté vigente la ley marcial. La apuesta tecnológica de Fedorov, fundamentalmente en la producción y uso de drones, así como su implicación en la lucha contra la corrupción y el nepotismo entre los militares, contribuye a que sea considerado uno de los artífices de la modernización de las fuerzas armadas. En el fondo del debate la discusión entre los jóvenes ucranianos y la cúpula militar, reminiscente ésta de usos y costumbres rusas, además de la doctrina de empleo a la que precisamente combate. En en el fondo, la enorme intersección entre militares rusos y ucranianos en frentes de guerra anteriores y escuelas militares compartidas. En el sustrato, la enorme corrupción común a quienes hacen de la guerra su trampolín de intereses individuales. Lo cierto es que solo un 38% de ucranianos apoya la celebración de elecciones, y que Zelenski, pese a todo, aún dispone de margen de maniobra suficiente. Una reciente encuesta de opinión le otorga el 22,3%, seguido precisamente de Zaluzhnyi, en quien recae un 21,4% de apoyo. Ya ven, cifras que se aproximan a los nimios porcentajes de los Estados occidentales. Los casos de corrupción en proceso acorralan progresivamente al primer ministro, sospechosamente implicado, creo, en maniobras de destitución de quienes se erigen en sus posibles adversarios políticos. En un país en el que, además de su empeño por la libertad, y también la nuestra, abunda la deshonestidad y la depravación, no es oro todo lo que reluce. Después de cuatro años y medio de guerra, Zelenski ha brindado cuando menos la cohesión nacional, que no es poco. De ahí a que todo el monte es orégano, queda un largo trecho por recorrer.
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