La Nueva España » Cartas de los lectores » Contra el centro de datos

Contra el centro de datos

23 de Agosto del 2026 - Ernesto Sánchez Sánchez (Muros de Nalón)

Una aldea del municipio asturiano de Salas fue durante un largo decenio vivienda, aprendizaje y misterio para nuestra familia. El lugar invitaba a una contemplación reflexiva de la naturaleza, al modo romántico de un Henri Thoreau que se adentrase en los bosques de Walden o de un JRJ que pasease con su orejudo psicoanalista por Moguer. Pero las huellas del abandono medraban entre escayos y hiedras. Afectadas por las fuerzas económicas de la modernidad aquellas colinas languidecían porque el modo de vida antiguo, basado en explotaciones agropecuarias de subsistencia, ritos y cultos ancestrales y un fuerte arraigo social, había dado paso a una concentración de los procesos de explotación del territorio: laderas invadidas de eucaliptales, ganadería estabulada, extracciones a cielo abierto e industria alimentaria. Esta concentración de la productividad coincidió con la desbandada de los pobladores originarios hacia villas y ciudades. Pocas chimeneas calentaban ya el invierno en los pueblos cuando llegamos nosotros. Fue una experiencia dura y hermosa, vivimos la fascinación del descubrimiento y el calor de la solidaridad humana, pero también tuvimos que renunciar a muchas comodidades, afrontar situaciones críticas y aguantar incomprensibles desplantes. Al cabo nos vimos impelidos a mudarnos a otras latitudes que ofreciesen servicios propios de nuestra era; no podíamos exigir a los niños los sacrificios que nosotros estábamos dispuestos a arrostrar.

El enganche telefónico, por ejemplo, como era común en muchas viviendas, dependía de un sistema que transmitía por un canal de radiofrecuencia; lo llamaban track rural. Esta tecnología apenas soportaba el flujo de unos pocos bites, la conexión a internet era imposible. De nada sirvió la solicitud de arbitraje para que el Principado obligase a la compañía concesionaria a cumplir la ley que la obligaba a proporcionar internet a todos los usuarios. Como el campo no era rentable, el silencio administrativo favoreció que se prorrogase el aislamiento de unas poblaciones especialmente vulnerables. Tampoco años más tarde se molestaron en traer al pueblo un haz de cables que nos otorgase un sencillo par de cobre con que conectarnos al mundo. Se veía que la Administración pública negociaba en inferioridad frente a la compañía suministradora y por eso parcheó estas zonas de sombra mediante una conexión satelital.

No era raro que cuando soplase el viento o se desatara una tormenta eléctrica quedásemos sin luz. No eran sobrecargas pasajeras, sino árboles que caían sobre el tendido, transformadores que se quemaban porque derivaban a picas mal instaladas. Sabíamos que tocaba acostarse a la luz de las linternas y calentar el desayuno en la cocinita de gas. Hubo ocasión en que estuvimos más de tres días sin fluido eléctrico. En los tanques de las lecherías se cuajó la leche, en los arcones se pudrió la carne, en las habitaciones se condensaba el vaho y a la cama se iba con medias de lana.

Las aguas no se trataban (ni aún se tratan): la sanitaria trae disueltos E.colis que en verano provocan epidemias de gastroenteritis. En los consultorios periféricos dicen que son cuadros infecciosos locales. Las residuales ni siquiera se encauzan (la depuración es ciencia ficción incluso en los núcleos más poblados del concejo), allá se arregle cada cual como pueda para desaguar en arroyos o echarlas a una cueva sin dar el "¡Agua va!", no vaya a ser que te multen. La sequía del 2003 dejó los manantiales llorando, pero con algunas medidas de contención que nos impusimos en el pueblo pudimos llegar sin grandes sacrificios a las lluvias otoñales. La de 2008 fue más seria: el manantial que surtía el depósito se secó completamente y una mañana de agosto los grifos dijeron basta. Las autoridades solo acertaron a vendernos la solución de un par de cubas. Fue la iniciativa vecinal la que atajó el problema negociando con una paisana la cesión estacional de un manantial que afloraba ladera arriba, y en una sextaferia gloriosa se practicaron las arquetas y se tendieron no menos de 500 metros de tubería.

Valga lo que cuento arriba para no perder la perspectiva frente al nebuloso proyecto del centro de datos que pretende ocupar nada menos que 15 hectáreas de una de las mejores vegas del concejo. Téngase en cuenta que la demanda de agua y de electricidad de una infraestructura como la que se propone superaría en gasto a toda la que consume el concejo de Salas. La refrigeración de los equipos informáticos requerirá la construcción de una gran balsa de agua limpia. ¿La nutrirá el Nonaya durante sus estiajes? ¿Se pinchará el acuífero dentro de la zona exclusiva de la empresa? La historia de que se instalará un circuito cerrado de agua para la refrigeración no es creíble porque ello requeriría aumentar mucho el gasto energético. Y todos sabemos que la energía es mucho más cara que el agua y también hemos constatado que todos los centros de datos construidos incluso en áreas semidesérticas de Aragón utilizan agua limpia para refrigerar sus equipos. La credulidad con que se aceptan falsedades palmarias como estas nos induce una duda razonable sobre el modo de actuación de este promotor.

La opacidad de la negociación queda refrendada además porque el promotor es de hecho un mero intermediario. ¿Se sabe acaso cuál es la empresa que operará el complejo? No, pero se puede intuir puesto que todos los centros de datos españoles están al servicio de los grandes emporios tecnológicos norteamericanos: Amazon Web Services, Google Cloud, Microsoft o Meta. La desmesura al cuantificar los puestos de trabajo que crearán estas compañías es una patraña típica de cualquier proyecto industrial, pero en este caso resulta sobremanera exagerada, pues ¿no son precisamente estas empresas las que diseñan productos capaces de autogestionarse y de suprimir oficios administrativos? ¿No han establecido como una directriz de su funcionamiento sofisticados métodos para sustituir la mano de obra humana por automatismos informáticos? Las cuentas de todos los empleos que crearán no salen a no ser que en las abultadas plantillas y subcontratas que prometen también hayan computado a los taiwandeses que fabrican los chips, los chilenos que extraen el cobre, los holandeses que fletan barcos con los bienes de equipo y hasta algunos servicios que obtendrán de nuestros gestores públicos. En realidad un centro de datos solo necesita un equipo directivo, ingenieros y operarios muy especializados, que no se encontrarán fácilmente en Asturias. No se reclutarán en Salas y con toda probabilidad, tampoco vivirán allí.

Pese a la penuria de servicios que padecimos mientras vivíamos en la aldea, como todo hijo de vecino, pagábamos nuestros impuestos. No sé si hace falta recordar que la presión fiscal sobre el trabajo en España se lleva aproximadamente el 30% de los ingresos brutos de los ciudadanos de a pie. ¿Cuánto aportan al erario público las empresas tecnológicas norteamericanas?

El afán por el crecimiento económico desmedido es una lacra que caracteriza la idiosincrasia de casi todas las empresas cotizadas. Estos gigantes del capitalismo tecnológico necesitan expoliar recursos y materiales donde los hubiere para seguir creciendo en proporción con su tamaño. En este sentido su estrategia recuerda al colonialismo decimonónico: aunque lo disfracen con un aura de progreso técnico, se trata de explotar al débil. Un proyecto que pretende encerrar, tras el fortín de un vallado impenetrable, quince hectáreas de una comarca en decadencia no viene a favorecer la cohesión social ni mira por la prosperidad de las generaciones venideras.

La profusión actual de centros de datos está sustentada por los tentáculos de la IA, una tecnología que ambiciona el control de los individuos, el monopolio del ocio, el establecimiento de un canon cultural, la influencia sobre la ideología política o la superioridad militar, entre otras lindezas que no vienen al caso en este artículo. Y necesita además seguir inflando una burbuja que reporte mientras dure una insultante opulencia a sus gerentes. Con tales credenciales sorprende la favorable acogida que el proyecto ha obtenido entre las fuerzas vivas de nuestra región. Podrán seguir contaminando la opinión pública, tal vez aprueben el expolio, lo amparen, incluso lo sufraguen. Desgraciadamente las burbujas nunca estallan en la cara de quienes las inflan, pero al menos así sabremos a favor de quiénes gobiernan.

Cartas

Número de cartas: 50715

Número de cartas en Septiembre: 80

Tribunas

Número de tribunas: 2210

Número de tribunas en Agosto: 2

Condiciones
Enviar carta por internet

Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.

» Formulario de envío.

Enviar carta por correo convencional

Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:

Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo
Buscador