La gestión de Ceuta es una porquería
La crisis de Ceuta tiene una dimensión enorme. Nos afecta de lleno en lo que concierne a defensa, seguridad fronteriza y seguridad ciudadana, sanidad en el tratamiento sanitario de los emigrantes en un saturado sistema que no da abasto. El sistema sanitario de nuestras plazas de soberanía depende de Madrid. Hay riesgo de contagios epidémicos. Es una crisis migratoria de alcance incalculable. Afecta a nuestras relaciones internacionales con Europa, con EE UU... Cómo no, con nuestro socio imprescindible que es Marruecos. Sigo sin entender el cortejo de nuestro Gobierno al reino vecino, cuando es entre muchas la razón fundamental de la invasión migratoria. Solo los ceutíes alcanzan a comprender con argumentos su relieve. Su vida se acompaña hoy entre el miedo, la incertidumbre inmediata y la futura, el abandono y el desamparo al que las autoridades españolas de las distintas responsabilidades territoriales someten a ambas ciudades desde que un enclave de excelencia por su situación estratégica, comercial, turística, se degrada más bien al contrario a pasos agigantados. Las dos ciudades son presa del cerco comercial que les impone Marruecos, que legítimamente en su derecho trata de impulsar los enclaves de Tánger y Nador. ¿Dónde está la estrategia de respuesta de España, cuando el Estrecho da para comer a cuantos aborden con criterio, empeño e ilusión el emprendimiento? Muy al contrario, solo parches uno tras otro. Todas esas iniciativas incrementarían la españolidad de Ceuta y Melilla más que cien mil banderas. Sería una apuesta por su soberanía, sin necesidad de concentrar soldados, porque tenemos más que claro que una posible repetición de la invasión llegará sin pegar un solo tiro. Las plazas se defienden en el siglo XXI desde la distancia. Con consistencia propia en el Congreso y entre la ciudadanía; con un criterio claro de nuestra apuesta conjunta; incrustada en una Europa fuerte y arracimada que no es hoy ni por asomo lo que habría de ser; con socios fiables que nos acompañen; con un acuerdo de entendimiento con Marruecos, que es a lo que habrá que llegar, equilibrado entre la cooperación mutua y la firmeza; con elementos de seguridad y defensa realmente disuasorios; con un mimo global a los pobladores locales, que les haga sentirse bien, confiados y orgullosos, lejos de los sectarismos que proyectan las distintas siglas políticas que frecuentan las calles de ambas ciudades. Sr. Presidente... Dé por concluidas sus vacaciones y póngase a la altura de la dimensión de la crisis. España, como cualquier barco, necesita de un patrón, so pena de que quedemos a la deriva. Y si no lo entiende, permítame por favor recordarle que cuanto acaece posee la inusitada dimensión como para hacerle caer, aún y todo su dimensión prestidigitadora. Hágalo, como le gusta decir, en honor de las decenas de críos fallecidos en la acometida. Afróntelo para salvaguardar a los críos y las chiquillas expuestas a sabe Dios qué. Abórdelo para ofrecer consuelo y dignidad a los ceutíes. Como decíamos en el ejército. Coja el toro por los cuernos... ya.
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