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El pensamiento como entretenimiento

27 de Agosto del 2026 - Marino Iglesias Pidal (GIJÓN)

Pues sí, No se me ocurre otra forma de entretenerme. Las que se me ocurren no están a mi alcance. Ya me cansé de buscar pelis, series, reportajes, actuaciones... Los canales nacionales, TDT, abiertos, o como quieran llamarse, son para mí como un plato de insectos cualesquiera a modo de piscolabis. No importa cómo estén preparados; ni mirarlos.

Así que, un pensamiento que no tengo que buscar, si acaso, buscaría la forma de no tenerlo: la España Nacional. Algo que me tiene permanentemente estresado.

Un país ¡democráticamente! sometido a la aberración hecha Gobierno. Qué consideración merecen estos ciudadanos que meten la pata hasta la ingle y, aun siendo conscientes de ello, no son capaces de sacarla.

No puedo dedicar más de unos segundos a buscar ¡cómo darle la vuelta a esta tortilla! Porque, de inmediato, me salta ¡un imposible radical! No se puede.

Coño, me digo, España es a la humanidad lo que un hormiguero a la población mundial de hormigas. Cómo cambiar un hormiguero...

Pienso... Y que no. No hay forma definitiva. Por supuesto, se puede, por ejemplo, sepultar con un camión de tierra; pero solo cuestión de tiempo el que vuelva a presentarse el mismo hormiguero. De manera que no me lo pienso mucho: la única forma es fumigar. Exterminarlas y dar paso a una nueva generación de hormigas con el código genético modificado.

¡Osti! Llevar a cabo esta tarea en España... Rastrillar hacia el mar a todo este personal... Dada su geografía, con el rastrillo adecuado, comenzando en los Pirineos hacia abajo... sería la pauta a seguir. Pero, coño, ardua labor.

Bufff... Para una peli de ciencia ficción quizá. Pero, la realidad... si en ella no interviene el hombre, está marcada por la naturaleza. Y la naturaleza necesita de una eternidad para introducir cambios significativos.

Eternidad en términos humanos, claro, el tiempo necesario para que los pisados, humanos, todos los pisados, se den cuenta de que los están pisando. Después, el necesario para que sientan que sus pulmones no resisten más pisotones, que están a punto de morir asfixiados... Y claro, sí, supongo, en ese instante se despierta el instinto de supervivencia y con él los correspondientes aspavientos del personal.

Pero, viniendo al presente hispano, aunque ya hay muchos que han empezado a aspavientar, aún quedan otros tantos que siguen respirando muy tranquilos el aire con proteínas con que, a muchos de ellos, los tiene apesebrados este Gobierno.

Bufff. Cónchale, me resisto a considerar insoluble esta vaina.

Vuelvo a las hormigas. Cuando se encuentran hormigas de diferentes hormigueros: a pelear hasta la muerte. Pero estas hormigas, estos españoles quiero decir, somos todos del mismo hormiguero, España.

Coño, qué vaina tan curiosa, españoles de España y hormiga argentina de Argentina. No he podido evitar una ligera risita. Resulta que se da una curiosa similitud entre los españoles y las hormigas argentinas. Solo cambian los orígenes. La historia es similar. Los españoles nos hemos ido en barcos para allá y para, casi, el resto del mundo. Y las hormigas argentinas lo mismo, para acá y muchos otros sitios. Solo cambian los puntos de partida.

Y sigo. Los españoles, y descendientes, claro, se integran en otros países tal como si fueran originarios de ellos, conformando el país que sea con los ciudadanos que tienen allí las raíces de su árbol genealógico.

Igualito que las hormigas argentinas. Con la diferencia de que, las hormigas argentinas que hay en España, se consideran todas una, sin importar que sean de hormigueros diferentes; son todas españolas y no pelean entre sí.

¡Por qué coño no pueden hacer lo mismo esta plasta de españoles para acabar de una coño vez con este cáncer que nos gobierna!

Puag. Qué asco más deprimente.

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