Gijón despide a Helenina
Familiares, amigos y lectores enjugan una riada de letras descabaladas al conocer el óbito de Helena Trexu Fombella.
La escritora langreana muere recordada, sobre todo, como una socialité apofática; es decir, por lo que no era. Desde luego, no organizaba saraos al uso, pero tenía empuje un tanto híspido que le permitía hacerse con los mandos de cualquier acto cultural que le interesara en la Gijón donde llevaba años viviendo. Acompañada de su muleta -báculo sin imbecilidad y fiel compañera dialéctica-, venía a traer una revolución que ya no comprendíamos las personas del futuro remoto que ella pensaba y, sobre todo, ayudó a nacer, y eso destempló mucho su carácter en la vida pública que consecuentemente con sus ideas ayudó a levantar. Helena ha subido, y lo ha hecho a la modernidad última y eterna, dejándonos muescas de pasmo y susto en las muchas capas de espectro electromagnético condensadas en vestíbulos y salas de conferencias de la ciudad en que cristalizó como un personaje popular de los que ya no quedan especímenes tan señalados.
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