España en su soledad
Es muy triste para España que en esta grave crisis migratoria de Ceuta no hayamos recibido aún una sola frase de apoyo europeo. Un gesto amable de cercanía, incluso desde una mirada de reproche por nuestros propios errores. Comprensible hasta cierto punto desde una derechización europea impulsada por los nacionalismos estatales, que hacen del fenómeno migratorio el catalizador que tanto escuece. No quiero ni pensar qué puede acaecer si Le Pen vence en las elecciones francesas del año que viene. Si el dueto Feijóo-Abascal alcanza la victoria electoral, que supuestamente acabará eso sí, en un plis plas, con todos los males destructivos que sus agoreros simpatizantes otorgan hoy a la España de Sánchez. En una España en la que lo partidista vence a los intereses nacionales. En la que nuestro dolor nacional es zarandeado por el sectarismo de unos pocos, que careciendo de proyecto propio buscan su victoria electoralista en la caída del rival. Con una Europa, que más que ausente nos da la espalda. Con el líder mundial enloquecido, que sustentado en el odio apunta a quien de él discrepa, aunque discreparle sea, más que sencillo, una necesidad vital y de justicia. El presidente no tiene a nadie que le escriba, hoy más que nunca si pensó que lo de Ceuta era una crisis de verano que duraría el estallido del cohete que anuncia el final de la estación. Se me antoja que la encrucijada presente es lo peor que nos puede acaecer, ni desde luego su abordaje pasa por un enroque presidencial aislacionista. Sin embargo, no logro percibir que el horizonte posible tenga que apoyarse en un tipo que, ausente de proyecto, dispara como en una rosa de los vientos a todo cuanto se mueve. Creo que tener como representante a un exhibicionista de tono muscular estilo Putin, que como él se sustenta en el engaño y la opresión, no conduce sino al abismo. Tremenda encrucijada la nuestra, en un contexto europeo y mundial de pena. ¿Qué hacer en esta tremenda tesitura? No lo sé. Tal vez la respuesta estribe en precipitar el ciclo electoral que nos hemos dado, del que harán buen uso quienes tienen por democracia la sola justificación de su alcance del poder, y nada más. Luego, Dios dirá.
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