Espabila, presidente
Presidente, llevas un mes pifiándola. Tu comparecencia en el Congreso para dar cuenta de la crisis de Ceuta fue un enroque en tu equívoco. Yerro conceptual por un lado insistiendo en que Marruecos es cojonudo. Pifia también en las formas, porque el desacierto es humano, pero la reacción ante él es lo que distingue a los buenos de la morralla abundante. Si tan bueno es Marruecos, podrías haberlo planteado como qué mal ha hecho este hombre, que en un santiamén abrió su muralla para recoger al 90% de los cruzados, como en una suerte de tratar de enmendar su error. Algún día sabremos con más precisión hasta dónde llegó Marruecos en su insolente actitud, cuando menos de no avisar a España, que dicho sea de paso es lo que nos exige en cualquier iniciativa española que le afecta por activa o por pasiva. Ya no tienes a nadie que te escriba, presidente. Te has quedado solo y nos has dejado a los pies de una oposición grosera, a la que se le olvidó el sentido de Estado en la taquilla hace ya más de ocho años. Que impotente para alcanzar el Gobierno por su propio merito, pretende desvirgar al rival como solo procedimiento de lograr el poder. Te lo has ganado a pulso, presidente. No me jodas que fuiste incapaz incluso de no abortar tus vacaciones para hacer frente a la mayor crisis global que atraviesa España en mucho tiempo. En fin... Aún jodido, me tienes en tu defensa contra todos los impostores que asoman desde la extrema para dar patadas al árbol caído que tanto odian. Se me antoja, que son casi un orgullo y una satisfacción los exabruptos que provienen de Netanyahu, de Putin, de Trump, de Milei... No sigo más. Así que... presidente; o espabilas rápido como te suele acaecer, o te hundes y de paso nos hundes en el ahogo de quienes hacen de la salida y de la meta, de los extremos, la globalidad de una carrera en la que nunca han pretendido competir.
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