La Nueva España » Cartas de los lectores » Una cosa es no querer un eléctrico. Otra, querer que fracase

Una cosa es no querer un eléctrico. Otra, querer que fracase

8 de Septiembre del 2026 - Alfonso Viejo Riera (oviedo)

Hace unos días, leyendo los comentarios en redes de una publicación de LA NUEVA ESPAÑA sobre coches eléctricos, acabé más pendiente de las reacciones de algunos lectores que de la propia noticia.

Había opiniones perfectamente razonadas: dudas sobre autonomía, precio, recarga, baterías... También personas que, sencillamente, prefieren seguir con su coche de combustión.

Nada que objetar. Cada uno conoce sus necesidades y su bolsillo.

Lo que me dejó pensando fue otra cosa: los comentarios de quienes parecían esperar que al propietario del eléctrico le fuera mal.

«Ya verás cuando tengas que cambiar la batería». «Cuando se queden tirados...». «Cuando les cobren por kilómetro se les acabará la risa».

Y, al leerlos uno detrás de otro, me surgió una pregunta:

¿Por qué no basta con no querer un coche eléctrico?

Si no te gusta, no lo compras. Si no encaja en tu día a día, eliges otro. Hasta ahí, lo entiendo perfectamente.

Pero ¿por qué necesitamos que quien sí lo ha comprado se haya equivocado?

Es como quien no disfruta andando en bicicleta. Perfecto. Lo extraño sería que entrase en una conversación entre aficionados al ciclismo esperando que alguno pinchase para poder soltar: «¿Veis? Ya os lo decía yo».

Con el coche eléctrico, sin embargo, nos estamos acostumbrando a leer cosas así.

Lo cuento desde mi propia experiencia, que quizá ayude a entender por qué veo este debate de esta manera.

Tengo un coche eléctrico desde hace años y he recorrido más de 100.000 kilómetros con él. Para mi vida personal encaja muy bien y estoy contento con la compra.

Ahora bien, hace unos tres años me tocó renovar la furgoneta de trabajo. Busqué opciones eléctricas, pero entonces no encontré ninguna que reuniera las características y la autonomía que necesitaba para trabajar.

Compré una diésel. Y lo hice con toda tranquilidad.

No veo ninguna contradicción en ello. No soy del equipo del eléctrico ni del diésel: necesito un vehículo que me resuelva el día a día.

Si mañana encuentro una furgoneta eléctrica que cubra esas necesidades, la elegiré. Mientras tanto, tendré que buscar la opción que mejor me encaje.

Por eso entiendo a quien me dice: «Un eléctrico no es para mí». Puede tener motivos de sobra.

Lo que me cuesta entender es ese paso más allá: «No es para mí y, además, necesito demostrar que tampoco debería serlo para ti».

Quizá haya resistencia al cambio, desinformación o hartazgo ante la sensación de que nos quieren imponer una tecnología. No creo que todos esos comentarios nazcan del mismo sitio.

Pero me da la impresión de que también hay algo más humano detrás.

A veces nos cuesta aceptar que otra persona elija un camino distinto al nuestro y le vaya bien. Como si su acierto pusiera en duda nuestra propia decisión.

Y la verdad es que no tendría por qué ser así.

Que a mi vecino le funcione estupendamente su eléctrico no hace peor mi diésel. Del mismo modo, puedo alegrarme de que alguien esté encantado con su coche de combustión sin sentir que tengo que defender el mío.

Yo no necesito que a quien conduce un diésel se le averíe el motor para estar satisfecho con mi eléctrico.

¿Por qué alguien debería necesitar que a mí me falle la batería para quedarse a gusto con su coche?

Hablemos de autonomía, contaminación, precios, baterías o puntos de recarga. Hay mucho que discutir y cosas que mejorar. Claro que sí.

Pero cuestionar una tecnología es una cosa. Esperar que quien la ha elegido acabe arrepintiéndose es otra, y ahí es donde me cuesta seguir la conversación.

Al final, aquellos comentarios me dejaron pensando en algo que va bastante más allá de los coches:

¿Por qué nos cuesta tanto aceptar que algo que nosotros no queremos pueda ser una buena elección para otra persona?

Cartas

Número de cartas: 50715

Número de cartas en Septiembre: 80

Tribunas

Número de tribunas: 2210

Número de tribunas en Agosto: 2

Condiciones
Enviar carta por internet

Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.

» Formulario de envío.

Enviar carta por correo convencional

Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:

Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo
Buscador